Revista de Investigación y Liderazgo Vol. 01 (Num. 01)(Enero – Marzo 2024) ISSN 3151-8532
Ciencia, sociedad y transformación del pensamiento
Recibido: 14/11/2023 Aceptado: 12/12/2023 Publicado: 02/01/2024
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1
DOI: https://doi.org/10.63618/omd/revinvlid/v1/n1/6
Impactos ambientales, bioacumulación y estratégias de
mitigación de los microplásticos en ecosistemas
acuáticos.
Environmental impacts, bioaccumulation, and mitigation strategies for
microplastics in aquatic ecosystems.
Zapata-Velasco, Mayra Lisette
1
; Hidalgo-Zambrano, Katherin Clarita
2
.
1
Universidad Estatal del Sur de Manabí; Ecuador; https://orcid.org/0000-0003-1578-3776;
mayra.zapata@unesum.edu.ec.
2
Investigador Independiente; Ecuador ; https://orcid.org/0009-0003-1132-190X; kateclarita@hotmail.com.
Cita: Zapata-Velasco, M. L., & Hidalgo-Zambrano, K. C. (2024). Impactos ambientales,
bioacumulación y estratégias de mitigación de los microplásticos en ecosistemas
acuáticos. Revista De Investigación Y Liderazgo, 1(1), 1-
15. https://doi.org/10.63618/omd/revinvlid/v1/n1/6
Resumen
La contaminación por microplásticos en ecosistemas acuáticos constituye una presión ambiental creciente
en Ecuador y Latinoamérica, debido a su persistencia, movilidad y presencia en agua superficial,
sedimentos, lodos de manglar y organismos acuáticos. El objetivo del estudio fue analizar los impactos
ambientales, la bioacumulación y las estrategias de mitigación de los microplásticos en ecosistemas
acuáticos, con énfasis en fuentes, matrices, efectos y brechas de gestión. La metodología se desarrolló
mediante un enfoque cualitativo, documental, no experimental y exploratorio, basado en el análisis de
literatura científica y técnica publicada sobre microplásticos en ambientes continentales, estuarinos y
marino-costeros. Los resultados evidencian que las principales rutas de ingreso corresponden a residuos
plásticos mal gestionados, descargas urbanas, aguas residuales, pesca, acuicultura y transporte
hidrológico; además, se identificó exposición biológica en organismos acuáticos, aunque la
biomagnificación regional aún no puede afirmarse de manera concluyente. La discusión muestra que las
limitaciones metodológicas, territoriales e institucionales dificultan la comparación de estudios y la
formulación de políticas ambientales robustas. Se concluye que la mitigación requiere monitoreo
estandarizado, reducción en la fuente, tratamiento de aguas residuales, gestión integral de residuos y
economía circular.
Palabras clave: microplásticos; ecosistemas acuáticos; bioacumulación; contaminación ambiental;
mitigación.
Abstract
Microplastic pollution in aquatic ecosystems represents a growing environmental pressure in Ecuador and
Latin America, due to its persistence, mobility, and presence in surface water, sediments, mangrove mud,
and aquatic organisms. The objective of the study was to analyze the environmental impacts,
bioaccumulation, and mitigation strategies related to microplastics in aquatic ecosystems, with an emphasis
on sources, matrices, effects, and management gaps. The methodology employed a qualitative,
documentary, non-experimental, and exploratory approach, based on an analysis of published scientific and
technical literature on microplastics in continental, estuarine, and marine-coastal environments. The results
show that the main entry routes correspond to poorly managed plastic waste, urban discharges, wastewater,
fishing, aquaculture, and hydrological transport; furthermore, biological exposure in aquatic organisms was
identified, although regional biomagnification cannot yet be conclusively confirmed. The discussion shows
that methodological, territorial, and institutional limitations hinder the comparison of studies and the
formulation of robust environmental policies. It is concluded that mitigation requires standardized monitoring,
source reduction, wastewater treatment, integrated waste management, and a circular economy.
Keywords: microplastics; aquatic ecosystems; bioaccumulation; environmental pollution; mitigation.
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1. Introducción
Los microplásticos (partículas plásticas menores de 5 mm) han pasado de ser un residuo
visible de la economía lineal a constituir una fracción persistente, móvil y biológicamente
disponible de la contaminación acuática. A escala global, en 2019 se estimó que 6,1
millones de toneladas de residuos plásticos se filtraron hacia ríos, lagos y océanos,
mientras que los sistemas fluviales acumulaban cerca de 109 millones de toneladas y
los océanos alrededor de 30 millones de toneladas de plástico (OECD, 2022). En
Ecuador y Latinoamérica, este fenómeno adquiere especial relevancia por la
dependencia social y productiva de ríos, estuarios, humedales, manglares, pesquerías
y acuicultura, de modo que la unidad de análisis de este estudio se delimita a
ecosistemas acuáticos continentales y costeros, considerando agua superficial,
sedimentos, biota y zonas de transición estuarina (Vélez-Terreros et al., 2024; Orona-
Návar et al., 2022). Esta delimitación resulta pertinente porque los microplásticos no
solo reflejan patrones de consumo y gestión de residuos, sino también presiones
urbanas, descargas de aguas residuales, actividades pesqueras y cadenas productivas
vinculadas al territorio (Jambeck et al., 2015).
La evidencia disponible muestra que la contaminación por microplásticos en
ecosistemas acuáticos latinoamericanos no es homogénea, sino que responde a la
cercanía de centros urbanos, infraestructura sanitaria insuficiente, prácticas de
disposición inadecuada y actividades económicas que dependen directamente del agua.
En el humedal La Segua, en Ecuador, se reportaron microplásticos suspendidos en los
16 puntos muestreados, con concentraciones entre 313 y 490 partículas por litro,
además de razones microplásticos/zooplancton que variaron entre 0,3 y 441 partículas
por individuo, lo que sugiere una posible interferencia en la alimentación de organismos
filtradores y consumidores de partículas en suspensión (López et al., 2023). En el Golfo
de Guayaquil, los microplásticos fueron identificados en agua, sedimentos, lodo de
manglar y arena, con mayores frecuencias cerca de zonas urbanas y fuentes probables
asociadas a aguas residuales, embarcaciones y camaroneras (Arteaga et al., 2024). Si
estas rutas de emisión no se controlan, los costos ecológicos pueden trasladarse a la
pesca, la inocuidad alimentaria, el turismo y la salud pública, ámbitos que dependen de
servicios ecosistémicos cuyo deterioro por plásticos marinos se ha estimado
globalmente entre USD 500.000 millones y USD 2,5 billones anuales (Beaumont et al.,
2019).
La bioacumulación de microplásticos constituye un eje crítico porque conecta la
contaminación ambiental con la transferencia trófica y la exposición humana, aunque la
literatura aún distingue entre ingestión, acumulación tisular, retención temporal y
biomagnificación, procesos que no siempre se demuestran con la misma robustez
metodológica. Diversos estudios han documentado la ingestión de microplásticos por
invertebrados y peces, así como efectos subletales relacionados con estrés fisiológico,
alteraciones alimentarias y transporte de contaminantes adsorbidos, incluidos
compuestos orgánicos persistentes y aditivos plásticos (Wright et al., 2013; Rochman et
al., 2013). En Ecuador, la revisión más reciente señala que los microplásticos han sido
detectados en matrices ambientales, biota y alimentos, pero advierte que los estudios
son todavía limitados y se concentran principalmente en aguas superficiales costeras,
sedimentos y productos alimentarios (Vélez-Terreros et al., 2024). Esta situación exige
cautela interpretativa: la presencia de partículas en organismos no equivale
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automáticamente a daño poblacional, pero sí representa una señal de riesgo ecológico
cuando coincide con alta exposición, persistencia ambiental y dependencia comunitaria
de recursos hidrobiológicos (Cole et al., 2011; Orona-Návar et al., 2022).
La revisión crítica de la literatura permite identificar una brecha regional relevante:
América Latina y el Caribe aportan apenas cerca del 5 % de la producción científica
global sobre microplásticos, con una concentración marcada en Brasil, Chile y México,
mientras que países megadiversos y altamente dependientes de ecosistemas acuáticos,
como Ecuador, presentan menor densidad de estudios comparables y longitudinales
(Orona-Návar et al., 2022). Además, los estudios regionales suelen diferir en técnicas
de muestreo, tamaños de malla, criterios visuales de identificación, confirmación
química por FTIR o Raman y unidades de reporte, lo que dificulta comparar
concentraciones entre ríos, humedales, estuarios y zonas marinas (López et al., 2023;
Vélez-Terreros et al., 2024). Esta falta de estandarización limita la capacidad
institucional para priorizar fuentes, estimar riesgos y diseñar políticas costo-efectivas,
especialmente cuando la contaminación se vincula con aguas residuales, residuos
sólidos, acuicultura y pesca artesanal (Arteaga et al., 2024). En consecuencia, el vacío
no es solo empírico, sino también metodológico y decisional, porque impide convertir
hallazgos dispersos en indicadores útiles para monitoreo ambiental, gestión pública y
prevención sanitaria (OECD, 2022).
La conveniencia de estudiar los impactos ambientales, la bioacumulación y las
estrategias de mitigación de los microplásticos radica en que el problema ya no puede
abordarse únicamente como limpieza de residuos visibles, sino como gestión integral
de fuentes, polímeros, rutas de exposición y efectos ecológicos acumulativos. Los
escenarios internacionales muestran que una transformación sistémica basada en
reducción, rediseño, reutilización, reciclaje y control de residuos heredados podría
reducir la contaminación plástica hasta en 80 % hacia 2040, siempre que las medidas
se apliquen de forma coordinada y con cambios regulatorios y de mercado profundos
(UNEP, 2023; Lau et al., 2020). Desde una perspectiva aplicada, Ecuador dispone de
escenarios de estudio viables humedales Ramsar, estuarios urbanos, zonas de
manglar, ríos costeros y áreas de acuicultura donde pueden integrarse datos
ambientales, revisión documental y criterios éticos de bajo riesgo al trabajar con
información secundaria y matrices no humanas sensibles (López et al., 2023; Arteaga
et al., 2024). Por ello, el propósito del artículo es analizar los impactos ambientales, la
bioacumulación y las estrategias de mitigación de los microplásticos en ecosistemas
acuáticos de Ecuador y Latinoamérica; de manera específica, se busca determinar las
principales fuentes, matrices y efectos reportados, y comparar estrategias de mitigación
según su pertinencia ambiental, viabilidad institucional y potencial de reducción del
riesgo (Vélez-Terreros et al., 2024).
La contribución esperada de este estudio consiste en articular evidencia dispersa sobre
contaminación, bioacumulación y mitigación en un marco analítico útil para ecosistemas
acuáticos latinoamericanos, con énfasis en Ecuador como caso ambientalmente
estratégico por su conectividad entre Andes, costa, Amazonía, humedales, manglares y
sistemas insulares. Su originalidad se sustenta en integrar tres dimensiones que suelen
examinarse por separado: la magnitud ambiental del problema, los mecanismos de
exposición biológica y las respuestas de gestión orientadas a prevención, monitoreo y
economía circular (Beaumont et al., 2019; OECD, 2022; UNEP, 2023). Esta integración
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permitirá superar la lectura fragmentada de los microplásticos como simples partículas
contaminantes y avanzar hacia una comprensión más útil para la toma de decisiones,
donde los valores de concentración, las rutas de bioacumulación y la eficacia de las
medidas de reducción se interpreten conjuntamente (Cole et al., 2011; Rochman et al.,
2013). De este modo, el artículo aporta valor teórico al precisar relaciones entre fuentes,
matrices y efectos, valor metodológico al ordenar criterios comparables de análisis, y
relevancia social al orientar acciones que protejan biodiversidad, seguridad alimentaria
y servicios ecosistémicos en territorios acuáticos vulnerables (Orona-Návar et al., 2022;
Vélez-Terreros et al., 2024).
2. Materiales y Métodos
La investigación se estructuró desde una lógica cualitativa porque el interés central no
fue medir experimentalmente la concentración de microplásticos, sino interpretar
críticamente cómo la literatura científica describe sus impactos ambientales, sus rutas
de bioacumulación y las estrategias de mitigación aplicables a ecosistemas acuáticos
de Ecuador y Latinoamérica. Esta decisión metodológica resulta coherente con un
problema en el que las evidencias se encuentran dispersas entre estudios de agua
superficial, sedimentos, biota, alimentos, humedales, estuarios y zonas marino-
costeras, lo que exige integrar significados, patrones y relaciones antes que producir
estimaciones primarias de laboratorio (Creswell & Poth, 2018; Vélez-Terreros et al.,
2024). El análisis cualitativo permitió ordenar la información disponible en torno a
categorías ambientales, biológicas e institucionales, considerando que el estudio
documental es pertinente cuando los textos científicos y técnicos constituyen la fuente
principal para reconstruir un fenómeno complejo (Bowen, 2009).
La estrategia de indagación se mantuvo no experimental, ya que no se manipularon
variables ambientales ni se intervinieron ecosistemas acuáticos; en su lugar, se examinó
evidencia publicada sobre matrices ambientales y organismos expuestos a
microplásticos en condiciones previamente registradas por otros estudios. El diseño se
asumió como transversal en la recolección documental, debido a que el corpus se
delimitó en un momento específico de búsqueda, aunque incorporó una lectura
longitudinal de la producción científica al revisar publicaciones emitidas durante el
periodo 2011–2026, con énfasis en estudios recientes de Ecuador y América Latina.
Esta combinación permitió reconocer tendencias temporales sin atribuir causalidad
directa ni sustituir el monitoreo ambiental in situ, una precaución necesaria porque los
métodos de muestreo, identificación y cuantificación de microplásticos han variado
ampliamente entre investigaciones (Hidalgo-Ruz et al., 2012; Cowger et al., 2020).
El trabajo se desarrolló como investigación documental, sustentada en la recuperación,
selección y análisis de artículos científicos, revisiones, informes técnicos y documentos
institucionales relacionados con microplásticos en ríos, humedales, estuarios,
manglares, zonas costeras, sedimentos y organismos acuáticos. Para organizar la
búsqueda se consideraron bases de datos y repositorios académicos como Scopus,
Web of Science, ScienceDirect, PubMed, SciELO y Google Scholar, usando
combinaciones en español e inglés de términos como “microplastics”, “bioaccumulation”,
“aquatic ecosystems”, “Ecuador”, “Latin America”, “mitigation”, “sediments”, “fish” y
“mangroves”. La selección priorizó documentos revisados por pares, publicados entre
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2011 y 2026, con información explícita sobre fuente contaminante, matriz analizada, tipo
de polímero, tamaño de partícula, efecto ambiental o medida de mitigación. Se
excluyeron textos sin trazabilidad metodológica, duplicados, opiniones no académicas y
documentos que abordaran plásticos sin referencia específica a microplásticos menores
de 5 mm (Hartmann et al., 2019; Page et al., 2021).
La unidad de análisis estuvo conformada por documentos científicos y técnicos sobre
ecosistemas acuáticos de Ecuador y Latinoamérica, mientras que las unidades
temáticas correspondieron a fuentes de emisión, matrices ambientales, mecanismos de
bioacumulación, efectos ecológicos y estrategias de mitigación. El procedimiento
analítico articuló razonamiento inductivo y deductivo: de forma deductiva se partió de
categorías derivadas de la literatura sobre impacto ambiental, bioacumulación y
mitigación; de forma inductiva se incorporaron subcategorías emergentes, como
diferencias metodológicas en la identificación de partículas, limitaciones institucionales
para el monitoreo y vacíos territoriales en países con menor producción científica. Esta
articulación es pertinente porque el análisis de contenido cualitativo admite categorías
predefinidas y emergentes, especialmente cuando se busca interpretar patrones en
textos científicos heterogéneos (Elo & Kyngäs, 2008; Braun & Clarke, 2006).
La información se procesó mediante una matriz de extracción organizada por autor, año,
país, ecosistema, matriz ambiental, organismo estudiado, método de identificación,
principales hallazgos, limitaciones declaradas y estrategia de mitigación propuesta. A
partir de esa matriz se realizó una codificación temática orientada a identificar
convergencias, discrepancias y vacíos, sin convertir los resultados en una síntesis
estadística ni en un metaanálisis, debido a la heterogeneidad de unidades de medición,
técnicas analíticas y escalas espaciales reportadas en la literatura. El alcance fue
exploratorio porque el objetivo consistió en mapear y relacionar evidencia disponible, no
en estimar prevalencias regionales, medir concentraciones actuales ni inferir causalidad
entre exposición y daño ecológico. Esta decisión metodológica se justifica porque la
investigación sobre microplásticos requiere comparabilidad y transparencia antes de
avanzar hacia modelos explicativos robustos (Cowger et al., 2020; Orona-Návar et al.,
2022).
La calidad del análisis se resguardó mediante lectura iterativa, registro de decisiones de
inclusión y exclusión, triangulación entre evidencia empírica, revisiones regionales y
documentos metodológicos, además de una verificación de coherencia entre citas,
categorías y conclusiones. La credibilidad se fortaleció al contrastar estudios específicos
de Ecuador, como los hallazgos reportados para el humedal La Segua y el Golfo de
Guayaquil, con revisiones latinoamericanas y guías internacionales sobre reporte
metodológico en microplásticos (López et al., 2023; Vélez-Terreros et al., 2024). Al
tratarse de una investigación documental basada en fuentes públicas, no se involucró
experimentación con seres humanos ni manipulación de fauna, aunque se mantuvieron
criterios éticos de integridad académica, atribución correcta, no fabricación de datos y
diferenciación entre evidencia confirmada e inferencias interpretativas. Esta orientación
permite producir una síntesis útil para estudios posteriores de monitoreo, evaluación de
riesgo y diseño de políticas ambientales en ecosistemas acuáticos (Nowell et al., 2017;
Bowen, 2009).
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3. Resultados
Fuentes, rutas de ingreso y matrices ambientales de microplásticos en
ecosistemas acuáticos
Los resultados del análisis documental evidencian que las fuentes de microplásticos en
ecosistemas acuáticos de Ecuador y Latinoamérica se organizan alrededor de tres rutas
dominantes: residuos plásticos mal gestionados que se fragmentan en el ambiente,
descargas urbanas y aguas residuales, y actividades productivas asociadas al uso
directo del agua, como pesca, transporte fluvial, acuicultura y turismo costero. Esta
distribución confirma que los microplásticos no ingresan por una sola vía, sino mediante
una combinación de fuentes puntuales y difusas que conectan ciudades, ríos, estuarios,
manglares, playas y zonas marino-costeras. En la literatura revisada, los ríos aparecen
como vectores estratégicos porque transportan partículas desde fuentes continentales
hacia ambientes costeros, mientras que las aguas residuales, los desbordes de
alcantarillado, los residuos industriales y la fragmentación de plásticos mayores explican
una parte sustantiva de la carga contaminante observada en aguas superficiales
(Capparelli et al., 2021; Jambeck et al., 2015).
Figura 1
Rutas dominantes del microplásticos
Nota: Autores (2024)
En el caso ecuatoriano, la evidencia disponible muestra una concentración inicial de
estudios en matrices ambientales costeras, especialmente agua superficial, sedimentos
y alimentos, lo que sugiere que el problema ha sido abordado principalmente desde
zonas donde convergen presión urbana, actividad pesquera, turismo, acuicultura y
deficiencias de saneamiento. La revisión nacional más reciente indica que los
microplásticos han sido identificados en todas las muestras consideradas por los
estudios ecuatorianos revisados, y vincula esta presencia con manejo insuficiente de
residuos sólidos, ausencia o debilidad de políticas de tratamiento de aguas residuales y
actividades antropogénicas como pesca artesanal y acuicultura. Este patrón permite
inferir que las rutas de ingreso no dependen únicamente del consumo urbano, sino
también de cadenas productivas que emplean plásticos, redes, empaques, recipientes,
fibras y materiales sintéticos expuestos a degradación física y ambiental (Vélez-Terreros
et al., 2024).
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La evidencia en sistemas continentales es particularmente relevante porque confirma
que los humedales de agua dulce también funcionan como receptores y zonas de
retención de microplásticos. En el humedal La Segua, provincia de Manabí, se
detectaron microplásticos suspendidos sospechosos en los 16 puntos de muestreo, con
concentraciones entre 313 y 490 partículas por litro; además, los fragmentos fueron la
categoría dominante, seguidos por fibras, películas y pellets. La distribución espacial
mostró mayores concentraciones en la costa oriental y en el centro del humedal, lo cual
fue interpretado como una señal compatible con actividades humanas locales alrededor
del sistema, entre ellas agricultura, acuicultura, pesca y manejo insuficiente de residuos.
Este resultado es crítico porque las concentraciones reportadas superan el umbral de
300 partículas por litro y fueron comparadas por los autores con rangos mundiales en
agua dulce usualmente inferiores a 270 partículas por litro, aunque el estudio advierte
que la identificación fue visual y no incluyó confirmación química de polímeros (López
et al., 2023).
En la costa norte de Ecuador, el estudio realizado en la provincia de Esmeraldas
refuerza la idea de una contaminación extendida y de origen múltiple. En esa
investigación se analizaron 24 muestras de agua superficial, 14 provenientes de aguas
costeras y 10 de ríos que drenan hacia la costa, y se registraron 1.706 microplásticos
en total. Los tipos más abundantes fueron fibras transparentes, fragmentos marrones,
fragmentos grises, fragmentos transparentes y fragmentos negros, que juntos
representaron el 84 % del conteo total; además, las fibras transparentes alcanzaron por
sí solas el 29 % del total, mientras que los fragmentos y fibras representaron el 61 % y
36 %, respectivamente. Aunque las aguas costeras presentaron cantidades
significativamente mayores que los ríos, no se observaron diferencias claras entre
playas con mayor y menor urbanización, lo que sugiere transporte desde múltiples
fuentes y no solo contaminación local inmediata (Capparelli et al., 2021).
Los resultados estuarinos muestran una dinámica aún más compleja, porque en estos
sistemas confluyen descargas urbanas, sedimentos finos, circulación mareal,
actividades portuarias, manglares y producción acuícola. En el Golfo de Guayaquil,
específicamente a lo largo del Estero Salado, los microplásticos fueron detectados en
todas las muestras de agua, sedimentos, lodo de manglar y arena; en agua
predominaron pellets y partículas transparentes, mientras que en matrices sólidas
fueron más comunes los fragmentos y partículas plateadas. El resumen del estudio
reporta 237,490 MP/L para morfología tipo pellet y 252,990 MP/L para partículas
transparentes en agua, así como 27,330 MP/m³ para fragmentos y 25,310 MP/kg para
partículas plateadas en muestras sólidas; los polímeros más frecuentes fueron
policarbonato, poliestireno y polipropileno. La mayor frecuencia cerca de Guayaquil y la
menor hacia la boca del estuario respaldan la interpretación de fuentes asociadas a
aguas residuales urbanas, embarcaciones y camaroneras (Arteaga et al., 2024).
La matriz sedimento aparece como un compartimento clave para interpretar rutas de
acumulación, porque integra partículas que se hunden, se adhieren a materia orgánica
o quedan retenidas en zonas de baja energía hidrodinámica, como manglares, esteros,
fondos blandos y madrigueras de organismos bentónicos. En Isla Santay, un sitio
Ramsar localizado en el estuario del río Guayas, se reportaron concentraciones de
microplásticos de 660 ± 174,36 ítems/kg en sedimentos húmedos de madrigueras y 26
± 1 ítems/L en agua, además de presencia de partículas en tejidos de cangrejos
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violinistas. Aunque este hallazgo se relaciona también con bioacumulación, para este
subtema resulta importante porque confirma que las matrices agua-sedimento-biota
están conectadas y que los sedimentos no deben interpretarse como depósitos pasivos,
sino como reservorios que pueden redistribuir partículas hacia organismos bentónicos y
redes tróficas estuarinas (Villegas et al., 2021).
La lectura integrada de los estudios permite establecer que el agua superficial funciona
como matriz de exposición inmediata y transporte, los sedimentos como matriz de
acumulación y memoria ambiental, el lodo de manglar como zona de retención
estuarina, y la biota como indicador de contacto ecológico con partículas disponibles.
Esta organización coincide con revisiones regionales que señalan que América Latina y
el Caribe aún presentan una producción científica desigual sobre microplásticos, con
predominio de estudios de ocurrencia y distribución en agua, sedimentos y organismos,
pero con limitaciones para comparar resultados por diferencias en métodos de
muestreo, identificación y unidades de reporte. Por ello, los resultados del primer
subtema indican que la contaminación por microplásticos en ecosistemas acuáticos de
Ecuador y Latinoamérica debe entenderse como un proceso multifuente, multimatriz y
espacialmente conectado, donde las descargas urbanas, la gestión deficiente de
residuos, las actividades acuícolas y pesqueras, y el transporte hidrológico explican la
presencia recurrente de partículas en ambientes continentales, estuarinos y marino-
costeros (Orona-Návar et al., 2022; Hidalgo-Ruz et al., 2012; Hartmann et al., 2019).
Impactos ambientales y bioacumulación de microplásticos en organismos
acuáticos
Los resultados del análisis documental muestran que los impactos ambientales de los
microplásticos se concentran en tres procesos interrelacionados: ingestión por
organismos acuáticos, retención o acumulación en estructuras biológicas y transferencia
dentro de redes tróficas. En ecosistemas ecuatorianos, la evidencia más directa procede
del humedal La Segua, donde las partículas suspendidas alcanzaron entre 313 y 490
partículas/L y la razón microplásticos/zooplancton varió entre 0,3 y 441 partículas por
individuo, lo que sugiere una alta probabilidad de confusión alimentaria para organismos
filtradores y consumidores de material particulado (López et al., 2023). Esta exposición
puede alterar la eficiencia de alimentación, incrementar el gasto energético y desplazar
recursos naturales de la dieta, especialmente en sistemas donde peces, crustáceos y
zooplancton sostienen pesquerías artesanales, acuicultura y servicios ecosistémicos
locales (Wright et al., 2013; López et al., 2023).
La bioacumulación observada en organismos acuáticos debe interpretarse con cautela,
porque la literatura diferencia entre ingestión, presencia en tracto digestivo, retención en
tejidos y biomagnificación, procesos que no siempre se demuestran con el mismo nivel
de evidencia. En Isla Santay, estuario del río Guayas, se encontraron microplásticos en
tejidos de cangrejos violinistas Leptuca festae y Minuca ecuadoriensis, con mayor
abundancia en branquias, seguida del tracto digestivo y hepatopáncreas, mientras las
madrigueras presentaron 660 ± 174,36 ítems/kg en sedimentos húmedos y 26 ± 1
ítems/L en agua (Villegas et al., 2021). Este patrón indica exposición crónica y contacto
directo entre sedimento, agua y organismos bentónicos, pero no permite afirmar
biomagnificación regional sin estudios tróficos comparables, mediciones longitudinales
y confirmación química homogénea de polímeros (Villegas et al., 2021; Vélez-Terreros
et al., 2024).
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Tabla 1
Impactos ambientales y bioacumulación
Evidencia analizada
Organismos o matriz
biológica
Impacto ambiental
asociado
Interpretación para
Ecuador y
Latinoamérica
Razón microplásticos/zooplancton
entre 0,3 y 441 partículas/individuo en
el humedal La Segua (López et al.,
2023).
Zooplancton, peces
filtradores y
consumidores de
partículas
suspendidas.
Mayor probabilidad
de ingestión
accidental y
sustitución de
alimento natural.
Los humedales
continentales pueden
funcionar como zonas
de exposición directa
para cadenas tróficas
dulceacuícolas.
Microplásticos en branquias, tracto
digestivo y hepatopáncreas de
cangrejos violinistas en Isla Santay
(Villegas et al., 2021).
Leptuca festae y
Minuca ecuadoriensis.
Retención en
órganos vinculados
con respiración,
alimentación y
metabolismo.
Los organismos
bentónicos pueden
actuar como
bioindicadores de
contaminación en
estuarios y manglares.
Transferencia experimental de
microplásticos desde mejillones hacia
cangrejos, con máximo en hemolinfa
a las 24 h y disminución casi total a
los 21 días (Farrell & Nelson, 2013).
Moluscos bivalvos y
crustáceos
depredadores.
Transferencia
trófica temporal
entre presas y
consumidores.
La transferencia es
posible, pero la
permanencia depende
de depuración, tamaño
de partícula y fisiología
del organismo.
Acumulación de microplásticos de
poliestireno en peces cebra y efectos
hepáticos en estudios experimentales
(Lu et al., 2016; Rochman et al.,
2013).
Peces expuestos en
condiciones
controladas.
Estrés oxidativo,
daño intestinal,
alteraciones
hepáticas y
transporte de
contaminantes.
Los efectos subletales
son plausibles, aunque
deben validarse con
especies nativas y
condiciones
ambientales
regionales.
Ingestión y transferencia de
microplásticos en redes planctónicas
(Setälä et al., 2014).
Mesozooplancton y
macrozooplancton.
Movimiento de
partículas entre
niveles tróficos
bajos.
Las bases de la red
alimentaria acuática
pueden ser una vía
temprana de
dispersión biológica de
microplásticos.
Nota: Autores (2024)
Los efectos ecológicos más consistentes se relacionan con daño físico, falsa saciedad,
reducción de la alimentación, estrés fisiológico y posible transporte de contaminantes
adsorbidos, aunque la intensidad del impacto depende del tamaño, forma,
concentración, polímero, tiempo de exposición y capacidad de eliminación de cada
organismo. En estudios experimentales, la transferencia de microplásticos entre niveles
tróficos ha sido demostrada en organismos planctónicos y en el sistema mejillón-
cangrejo, mientras que en peces se han descrito efectos hepáticos y acumulación tisular
bajo condiciones controladas (Farrell & Nelson, 2013; Setälä et al., 2014; Lu et al., 2016;
Rochman et al., 2013). En consecuencia, los resultados regionales no deben
extrapolarse mecánicamente desde experimentos de laboratorio, pero sí permiten
reconocer mecanismos plausibles de impacto que justifican el monitoreo de especies
nativas, organismos filtradores, peces de consumo y crustáceos asociados a
sedimentos contaminados (Wright et al., 2013; Orona-Návar et al., 2022).
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La síntesis del subtema confirma que los microplásticos representan una presión
ambiental acumulativa para ecosistemas acuáticos porque conectan matrices físicas —
agua, sedimentos y lodos de manglar— con organismos que cumplen funciones
ecológicas y económicas. En Ecuador, los datos de La Segua e Isla Santay muestran
que la exposición ocurre tanto en humedales de agua dulce como en sistemas
estuarinos, lo cual amplía el problema más allá de playas y zonas marinas visibles
(López et al., 2023; Villegas et al., 2021). Sin embargo, la evidencia disponible todavía
es insuficiente para cuantificar tasas regionales de bioacumulación o biomagnificación,
debido a diferencias metodológicas, escasez de estudios longitudinales y limitada
cobertura de especies comerciales; por ello, el resultado central es que existe exposición
biológica comprobada y riesgo ecológico plausible, pero se requiere mayor
estandarización para convertir estos hallazgos en umbrales de gestión ambiental (Vélez-
Terreros et al., 2024; Orona-Návar et al., 2022).
Brechas metodológicas, territoriales e institucionales en el estudio de
microplásticos
Los resultados del análisis documental muestran que la principal brecha metodológica
en el estudio de microplásticos radica en la baja comparabilidad entre investigaciones,
debido a diferencias en tamaños de malla, profundidad de muestreo, criterios de
clasificación, unidades de reporte y técnicas de identificación. Mientras algunos estudios
expresan los resultados en partículas/L, otros lo hacen en ítems/kg, partículas/m³ o
abundancias relativas por organismo, lo que impide construir una línea base regional
homogénea para agua, sedimentos y biota. Esta limitación es relevante porque la
cuantificación de microplásticos depende directamente del método utilizado: redes con
mallas más finas capturan partículas pequeñas que otros diseños no detectan, y la
identificación visual puede sobreestimar resultados cuando no se confirma la
composición polimérica mediante FTIR, Raman u otras técnicas espectroscópicas
(Hidalgo-Ruz et al., 2012; Cowger et al., 2020).
La evidencia revisada también revela una brecha territorial marcada, ya que la
producción científica latinoamericana sobre microplásticos se concentra de forma
desigual en pocos países y ecosistemas, mientras que zonas megadiversas, humedales
interiores, cuencas amazónicas, manglares secundarios y ríos urbanos de menor
visibilidad siguen escasamente documentados. En América Latina y el Caribe, la
literatura disponible representa cerca del 5 % de la producción científica global sobre
microplásticos, con mayor presencia de estudios en Brasil, Chile y México, lo que deja
a países como Ecuador con una base empírica todavía limitada para comparar regiones
costeras, continentales, amazónicas e insulares (Orona-Návar et al., 2022). Esta
desigualdad genera un sesgo geográfico importante, porque los ecosistemas con menor
cobertura científica pueden presentar exposición ambiental significativa sin que existan
datos suficientes para estimar riesgos, priorizar intervenciones o diseñar monitoreos de
largo plazo (Vélez-Terreros et al., 2024).
Las brechas institucionales se relacionan con la ausencia de protocolos nacionales
estandarizados, la limitada integración entre universidades, gobiernos locales,
laboratorios ambientales y autoridades de control, y la escasa continuidad de los
programas de monitoreo. En Ecuador, los estudios disponibles han demostrado
presencia de microplásticos en humedales, estuarios, sedimentos, agua superficial y
organismos, pero aún no existe una red sistemática que permita evaluar tendencias
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temporales, comparar cuencas o vincular concentraciones con fuentes específicas de
emisión (López et al., 2023; Villegas et al., 2021; Vélez-Terreros et al., 2024). Esta
debilidad institucional reduce la utilidad de los hallazgos científicos para la gestión
pública, porque sin series temporales, umbrales de referencia y métodos armonizados
resulta difícil transformar datos aislados en indicadores ambientales verificables
(Hartmann et al., 2019; Cowger et al., 2020).
La síntesis de resultados permite establecer que las brechas metodológicas, territoriales
e institucionales no son problemas separados, sino factores acumulativos que limitan la
comprensión integral de los microplásticos en ecosistemas acuáticos. La falta de
estandarización afecta la comparación entre matrices; la cobertura territorial desigual
impide reconocer patrones regionales; y la débil articulación institucional restringe la
aplicación de medidas preventivas, regulatorias y de monitoreo. Por ello, el avance del
campo requiere protocolos mínimos compartidos, confirmación química de polímeros,
reportes transparentes, inclusión de ecosistemas subrepresentados y sistemas de
información ambiental que conecten fuentes, concentraciones, bioacumulación y riesgo
ecológico (Cowger et al., 2020; Orona-Návar et al., 2022; Vélez-Terreros et al., 2024).
4. Discusión
Los resultados confirman que la contaminación por microplásticos en ecosistemas
acuáticos de Ecuador y Latinoamérica responde a una dinámica multifuente y
multimatriz, en la que residuos sólidos mal gestionados, descargas urbanas, aguas
residuales, pesca, acuicultura y transporte hidrológico actúan de forma simultánea. Esta
interpretación coincide con Jambeck et al. (2015), quienes identifican la mala gestión de
residuos plásticos como una de las principales vías de entrada hacia ambientes
acuáticos, y con Orona-Návar et al. (2022), quienes describen que en América Latina la
contaminación por microplásticos está estrechamente asociada con presión urbana,
infraestructura sanitaria insuficiente y limitada capacidad de monitoreo. En el caso
ecuatoriano, los hallazgos de Esmeraldas, La Segua, Isla Santay y el Golfo de Guayaquil
refuerzan esa lectura, porque muestran presencia de partículas en agua superficial,
sedimentos, lodo de manglar y organismos, lo que impide reducir el problema a playas
o zonas marinas visibles (Capparelli et al., 2021; López et al., 2023; Villegas et al., 2021;
Arteaga et al., 2024). Así, la discusión de los resultados permite sostener que los
microplásticos funcionan como indicadores de conectividad ambiental entre fuentes
terrestres, sistemas fluviales, humedales, estuarios y ambientes costeros (Vélez-
Terreros et al., 2024).
Los resultados sobre impactos ambientales y bioacumulación también son consistentes
con investigaciones previas que han documentado ingestión, retención temporal,
transferencia trófica y efectos subletales en organismos acuáticos. La presencia de
microplásticos en zooplancton, cangrejos violinistas y organismos expuestos en
matrices sedimentarias coincide con la evidencia internacional que señala alteraciones
alimentarias, daño físico, estrés fisiológico y transporte de contaminantes asociados a
partículas plásticas (Wright et al., 2013; Rochman et al., 2013). Sin embargo, los
resultados del presente estudio obligan a diferenciar entre presencia, ingestión,
bioacumulación y biomagnificación, porque no todos los estudios demuestran
transferencia persistente entre niveles tróficos ni acumulación irreversible en tejidos.
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Esta cautela coincide con Farrell y Nelson (2013), quienes reportaron transferencia
trófica entre mejillones y cangrejos, pero también una disminución posterior de
partículas, y con Setälä et al. (2014), quienes evidenciaron transferencia en redes
planctónicas sin que ello implique automáticamente efectos poblacionales permanentes.
Por tanto, la evidencia ecuatoriana permite afirmar exposición biológica y riesgo
ecológico plausible, pero no todavía una biomagnificación regional plenamente
demostrada (Villegas et al., 2021; Vélez-Terreros et al., 2024).
Las principales limitaciones del estudio derivan de su naturaleza documental,
exploratoria y cualitativa, ya que los resultados dependen de la disponibilidad, calidad y
comparabilidad de investigaciones previas. Aunque este abordaje permitió integrar
evidencia dispersa y ordenar patrones relevantes, no permitió medir concentraciones
actuales, estimar tasas de bioacumulación, establecer relaciones causales ni calcular
umbrales de riesgo ecológico para especies nativas. Además, la literatura revisada
presenta heterogeneidad en tamaños de malla, técnicas de separación, criterios
visuales de identificación, confirmación química de polímeros y unidades de reporte, lo
que limita la comparación directa entre estudios realizados en agua, sedimentos, lodos
de manglar y biota (Hidalgo-Ruz et al., 2012; Hartmann et al., 2019; Cowger et al., 2020).
Esta limitación es especialmente importante en Ecuador, donde varios estudios son
recientes, localizados y con cobertura espacial restringida, de modo que los resultados
deben interpretarse como una síntesis crítica de tendencias y vacíos, no como una línea
base nacional definitiva (López et al., 2023; Arteaga et al., 2024; Vélez-Terreros et al.,
2024).
A partir de estas limitaciones, las nuevas investigaciones deberían avanzar hacia
diseños comparables, longitudinales y territorialmente equilibrados que integren
cuencas continentales, humedales, estuarios, manglares, zonas marino-costeras y
sistemas insulares. Resulta prioritario aplicar protocolos armonizados de muestreo y
reporte, incorporar confirmación química mediante FTIR o Raman, estandarizar
unidades de medición y relacionar las concentraciones ambientales con especies
bioindicadoras, organismos de consumo y servicios ecosistémicos relevantes para
comunidades locales (Hidalgo-Ruz et al., 2012; Cowger et al., 2020; Hartmann et al.,
2019). Además, las investigaciones futuras deberían evaluar la eficacia de estrategias
de mitigación en condiciones reales, especialmente reducción en la fuente, tratamiento
de aguas residuales, gestión de residuos sólidos, control de plásticos de un solo uso,
educación ambiental y economía circular, dado que los escenarios globales sugieren
que la reducción sistémica de la contaminación plástica exige intervenciones
coordinadas y no acciones aisladas (Lau et al., 2020; OECD, 2022; UNEP, 2023). De
este modo, la principal implicación del estudio es que Ecuador y Latinoamérica requieren
pasar de diagnósticos fragmentados de ocurrencia hacia programas integrados de
monitoreo, prevención y gestión ambiental basados en evidencia comparable (Orona-
Návar et al., 2022; Vélez-Terreros et al., 2024).
5. Conclusiones
La investigación permite concluir que los microplásticos en ecosistemas acuáticos de
Ecuador y Latinoamérica constituyen un problema ambiental multifuente y multimatriz,
debido a que su presencia se relaciona con residuos plásticos mal gestionados,
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descargas urbanas, aguas residuales, pesca, acuicultura y transporte hidrológico. Los
resultados muestran que estas partículas no permanecen en un solo compartimento,
sino que se desplazan entre agua superficial, sedimentos, lodos de manglar, humedales,
estuarios y organismos acuáticos, lo que evidencia una contaminación ambiental
persistente, conectada territorialmente y difícil de controlar mediante acciones aisladas.
El análisis también permite concluir que existe exposición biológica comprobada y riesgo
ecológico plausible para organismos acuáticos, especialmente en sistemas donde
zooplancton, crustáceos, peces y organismos bentónicos interactúan directamente con
partículas suspendidas o sedimentadas. Sin embargo, los resultados obligan a
diferenciar entre presencia, ingestión, bioacumulación y biomagnificación, ya que la
evidencia regional aún no permite afirmar de forma generalizada una transferencia
trófica persistente ni efectos poblacionales concluyentes. Por ello, el aporte central del
estudio es reconocer que los microplásticos representan una amenaza ecológica
acumulativa, pero que su interpretación debe mantenerse metodológicamente
cautelosa.
Se concluye que las principales limitaciones para comprender y gestionar los
microplásticos en Ecuador y Latinoamérica son metodológicas, territoriales e
institucionales, debido a la falta de protocolos estandarizados, la escasez de estudios
longitudinales, la limitada confirmación química de polímeros y la concentración de
investigaciones en pocos ecosistemas. En función de los objetivos planteados, el
estudio demuestra la necesidad de avanzar hacia monitoreos comparables, integración
entre instituciones, evaluación de especies bioindicadoras y estrategias de mitigación
centradas en reducción en la fuente, tratamiento de aguas residuales, gestión de
residuos sólidos y economía circular.
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CONFLICTO DE INTERESES
“Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses”.