Revista de Investigación y Liderazgo Vol. 2 (Num. 3)(Julio –Septiembre 2026) ISSN 3151-8532
Nuevos territorios del saber científico
Recibido: 10/06/2025 Aceptado: 08/07/2025 Publicado: 02/08/2025
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DOI: https://doi.org/10.63618/omd/revinvlid/v2/n3/39
Interacciones del cambio climático y pérdida de
biodiversidad en ecosistemas vulnerables.
Interactions between climate change and biodiversity loss in vulnerable
ecosystems.
Hidalgo-Zambrano, Katherin Clarita
1
; Guerrero-Calero, Juan Manuel
2
.
1
Investigador Independiente; Ecuador; https://orcid.org/0009-0003-1132-190X; kateclarita@hotmail.com.
2
Universidad Estatal del Sur de Manabí; Ecuador; https://orcid.org/0000-0002-1356-0475;
juan.guerrero@unesum.edu.ec.
Cita: Hidalgo-Zambrano, . K. C., & Guerrero-Calero, J. M. (2025). Interacciones del cambio
climático y pérdida de biodiversidad en ecosistemas vulnerables. Revista De Investigación Y
Liderazgo, 2(3), 34-49. https://doi.org/10.63618/omd/revinvlid/v2/n3/39
Resumen
El cambio climático y la transformación del territorio intensifican la pérdida de biodiversidad y comprometen
los servicios ambientales de los ecosistemas vulnerables del Ecuador. El estudio tuvo como objetivo
analizar las interacciones entre las amenazas climáticas, la alteración del hábitat y las respuestas
ecológicas en bosques amazónicos y del Chocó, páramos y humedales altoandinos, bosques secos y
manglares. Se aplicó una metodología mixta, documental, no experimental, longitudinal y descriptiva,
basada en registros climáticos, cartografía de cobertura, datos de biodiversidad y literatura especializada
del periodo 1985-2023. Los resultados evidenciaron la pérdida aproximada de 1,1 millones de hectáreas de
cobertura natural, una expansión simultánea de los usos antrópicos y reducciones modeladas de entre 20
% y 25 % en la mayoría de los servicios ecosistémicos bajo escenarios de deforestación. La interpretación
integrada mostró que la vulnerabilidad dependió de la convergencia entre exposición climática,
fragmentación, pérdida de hábitat y concentración de funciones ecológicas, sin que estas asociaciones
demostraran causalidad. Se concluyó que la conservación requiere integrar conectividad, restauración,
monitoreo climático y protección de ecosistemas con alta capacidad de regulación hídrica, almacenamiento
de carbono y mantenimiento de biodiversidad.
Palabras clave: cambio climático; biodiversidad; ecosistemas vulnerables; servicios ecosistémicos;
conservación.
Abstract
Climate change and territorial transformation intensify biodiversity loss and compromise the environmental
services of vulnerable ecosystems in Ecuador. The study aimed to analyze the interactions between climate
threats, habitat alteration, and ecological responses in Amazonian and Chocó forests, páramos and high
Andean wetlands, dry forests, and mangroves. A mixed methodology was applied, documentary, non-
experimental, longitudinal, and descriptive, based on climatic records, coverage cartography, biodiversity
data, and specialized literature from the period 1985-2023. The results showed an approximate loss of 1.1
million hectares of natural cover, a simultaneous expansion of anthropogenic uses, and modeled reductions
of between 20% and 25% in most ecosystem services under deforestation scenarios. The integrated
interpretation showed that vulnerability depended on the convergence between climate exposure,
fragmentation, habitat loss, and concentration of ecological functions, without these associations
demonstrating causality. It was concluded that conservation requires integrating connectivity, restoration,
climate monitoring, and protection of ecosystems with high water regulation capacity, carbon storage, and
biodiversity maintenance.
Keywords: climate change; biodiversity; vulnerable ecosystems; ecosystem services; conservation.
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1. Introducción
La interacción entre el cambio climático y la pérdida de biodiversidad adquiere especial
relevancia en Ecuador, donde confluyen regiones biogeográficas andinas, amazónicas
y costeras con elevada diversidad y endemismo. La unidad de análisis comprende
cuatro complejos vulnerables: bosques amazónicos y del Chocó, páramos y humedales
altoandinos, bosques secos y manglares, examinados dentro y fuera de áreas
protegidas. Una revisión nacional identifica 74 áreas protegidas registradas en 2023,
aunque persisten presiones por cambio de uso del suelo, expansión productiva y
fragmentación (Mestanza-Ramón et al., 2023). Esta vulnerabilidad resulta crítica en los
páramos, que ocupan cerca del 5 % del territorio ecuatoriano, mientras sus turberas
representan aproximadamente el 20 % de esa superficie y pueden almacenar más de
2.000 Mg de carbono por hectárea (Suarez et al., 2022). Así, la alteración simultánea
del clima y la integridad ecológica compromete reservorios de carbono, regulación
hídrica, conectividad y hábitats esenciales.
Sobre este mosaico ecológico actúan de manera conjunta el calentamiento, la
variabilidad de las precipitaciones, las sequías, los incendios, la deforestación, la
contaminación y la introducción de especies invasoras. El cambio climático modifica
rangos de distribución, ciclos reproductivos y disponibilidad de agua, mientras la
degradación del hábitat reduce la capacidad de las especies para desplazarse,
adaptarse o recuperarse. A escala global, entre el 3 % y el 14 % de las especies
evaluadas afronta un riesgo muy alto de extinción con un calentamiento de 1,5 °C,
intervalo que aumenta hasta el 3 %–18 % con 2 °C (Intergovernmental Panel on Climate
Change [IPCC], 2022). De forma consistente, una evaluación nacional para Ecuador
modela escenarios de incremento térmico de 2 °C y 4 °C y proyecta reducciones en la
provisión de la mayoría de los servicios ecosistémicos (Koo et al., 2024). Esta
retroalimentación intensifica las emisiones cuando se degradan bosques, manglares y
turberas, al tiempo que disminuye la resiliencia biológica frente a nuevos extremos
climáticos.
El deterioro ecológico se traslada directamente a la seguridad hídrica y alimentaria, la
salud, el empleo rural, el turismo de naturaleza y la estabilidad de actividades agrícolas,
pesqueras e hidroeléctricas. En América Latina y el Caribe, un aumento de 1 °C en la
temperatura media anual se asocia, en promedio, con una reducción de 1 punto
porcentual en el crecimiento del PIB per cápita, cuyo efecto persiste en el mediano plazo
(Van der Borght et al., 2023). Para Ecuador, los escenarios climáticos estiman que los
daños adicionales anuales en infraestructura vial alcanzan entre USD 100 y 115 millones
durante la década de 2050, mientras las interrupciones generan costos equivalentes a
USD 200–750 millones anuales (Banco Mundial, 2024). Bajo un escenario cálido y seco,
estas afectaciones reducen el PIB real de 2050 alrededor del 2,1 % y elevan la pobreza
en 0,31 puntos porcentuales. La inacción, por tanto, amplifica desigualdades territoriales
y presiona las capacidades fiscales e institucionales destinadas a conservación,
adaptación y atención de desastres.
La literatura reciente reconoce esta interdependencia, pero todavía presenta resultados
fragmentados por ecosistema, escala espacial e indicador seleccionado. La evaluación
de 163 turberas ecuatorianas identifica impactos acumulados, aunque su cobertura
depende del acceso vial y no incorpora plenamente las sinergias entre drenaje,
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ganadería, agricultura y variación climática (Suarez et al., 2022). En los páramos del
sur, las plantaciones de pino almacenan 55,4 tC/ha de biomasa aérea frente a 23,1 tC/ha
en pastizales naturales, pero muestran menores reservas de carbono orgánico del
suelo, lo que evidencia compensaciones entre mitigación, biodiversidad y otros servicios
ecosistémicos (Quiroz Dahik et al., 2021). Paralelamente, el monitoreo bioacústico del
Chocó ecuatoriano alcanza valores de R² ajustado de 0,62 y 0,69 para seguir la
recuperación forestal, aunque sus resultados no representan por sí solos la diversidad
taxonómica nacional (Müller et al., 2023). Estas discrepancias revelan la necesidad de
integrar clima, uso del suelo, composición biológica, conectividad y servicios
ecosistémicos dentro de un marco común.
Las condiciones de información existentes hacen viable un análisis integrado mediante
registros climáticos, cartografía de coberturas, inventarios de biodiversidad, imágenes
satelitales y resultados publicados para los cuatro complejos ecosistémicos delimitados.
La cartografía de las 74 áreas protegidas identificadas en 2023, complementada con
paisajes intervenidos, proporciona una base razonable para efectuar comparaciones
espaciales sin asumir permisos de campo todavía no gestionados (Mestanza-Ramón et
al., 2023). Sobre esta base, el objetivo general consiste en analizar las interacciones
entre cambio climático y pérdida de biodiversidad en ecosistemas vulnerables de
Ecuador; los objetivos específicos buscan describir las tendencias climáticas, ecológicas
y de cobertura; determinar la asociación entre amenazas climáticas y alteraciones de
hábitat; comparar la sensibilidad y resiliencia de los cuatro complejos; y estimar las
implicaciones sobre servicios ecosistémicos y prioridades de conservación. El
tratamiento agregado de la información, la reserva de coordenadas sensibles y el
respeto del consentimiento asociado al conocimiento indígena y local mantienen la
coherencia ética del estudio (IPBES, 2024; Müller et al., 2023).
La contribución esperada reside en articular cuatro dimensiones que suelen examinarse
por separado: exposición climática, integridad de la biodiversidad, provisión de servicios
ecosistémicos y capacidad institucional de respuesta. Esta integración aporta valor
teórico al explicar mecanismos de retroalimentación, utilidad metodológica al combinar
indicadores biofísicos y socioeconómicos, y relevancia práctica al jerarquizar territorios
donde la adaptación y la conservación generan beneficios conjuntos. Su pertinencia
financiera es evidente porque Ecuador requiere inversiones anuales equivalentes al 3,5
% del PIB entre 2025 y 2050 para avanzar hacia un desarrollo resiliente y bajo en
emisiones (Banco Mundial, 2024). Sin embargo, el financiamiento mundial para
soluciones basadas en la naturaleza alcanza apenas USD 200.000 millones en 2022 y
solo el 18 % procede del sector privado (United Nations Environment Programme
[UNEP], 2023). La originalidad del estudio consiste, por ello, en convertir una brecha de
integración científica en evidencia comparable para orientar restauración, conectividad
ecológica, protección hídrica y asignación eficiente de recursos en los ecosistemas
ecuatorianos más vulnerables.
2. Materiales y Métodos
La investigación articuló procedimientos cuantitativos y cualitativos para examinar
conjuntamente las tendencias climáticas, las transformaciones de cobertura y las
respuestas documentadas de la biodiversidad en ecosistemas vulnerables del Ecuador.
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Esta combinación permitió organizar indicadores ambientales mensurables y, al mismo
tiempo, interpretar los mecanismos ecológicos, territoriales e institucionales descritos en
la literatura especializada. La vertiente cuantitativa comprendió series climáticas,
superficies de cobertura vegetal y registros de presencia de especies, mientras que la
vertiente cualitativa incluyó estudios científicos, informes técnicos y documentos de
política ambiental. Ambos componentes se desarrollaron con igual prioridad y se
integraron al finalizar los análisis, conforme a una estrategia mixta convergente
orientada a producir interpretaciones complementarias (Creswell & Creswell, 2023).
Esta decisión resultó coherente con la naturaleza multidimensional de las relaciones
entre clima, biodiversidad y funcionamiento ecosistémico reconocida en evaluaciones
internacionales recientes (IPCC, 2022).
La secuencia temporal se conservó mediante un diseño no experimental y longitudinal
que abarcó el periodo 1985-2023, equivalente a 39 observaciones anuales potenciales
por ecosistema. No se manipularon las condiciones climáticas, la cobertura terrestre ni
la riqueza biológica, debido a que se analizaron registros secundarios generados antes
e independientemente de la investigación. La delimitación se sustentó en la
disponibilidad de mapas anuales de uso y cobertura del suelo para Ecuador durante
esos 39 años, lo que permitió comparar transformaciones acumuladas y variaciones
entre periodos sucesivos (MapBiomas Ecuador, 2026). El alcance permaneció
descriptivo porque se caracterizaron magnitudes, distribuciones, tendencias y
coincidencias temporales sin aplicar diseños experimentales ni modelos de atribución
causal. En consecuencia, los resultados no se utilizaron para afirmar que una variación
climática específica hubiese causado por sí sola una reducción de biodiversidad, sino
para identificar patrones documentados que requirieron comprobación posterior
(Creswell & Creswell, 2023).
El carácter documental se desarrolló mediante una búsqueda estructurada en Scopus,
Web of Science, SciELO, Redalyc y Google Scholar, complementada con repositorios
del IPCC, GBIF, MapBiomas y organismos ambientales ecuatorianos. La estrategia
combinó los términos “climate change”, “biodiversity loss”, “vulnerable ecosystems”,
“Ecuador”, “Latin America”, “páramo”, “Amazon forest”, “dry forest” y “mangrove”, junto
con sus equivalentes en español y portugués. Se consideraron publicaciones
aparecidas entre enero de 2020 y junio de 2026, aunque se admitieron fuentes
metodológicas o conjuntos de datos anteriores cuando conservaron vigencia,
trazabilidad y relevancia para las series longitudinales. La identificación, eliminación de
duplicados y depuración del corpus se registraron siguiendo los componentes aplicables
de PRISMA 2020, empleados como guía de transparencia y no como fundamento para
realizar un metaanálisis (Page et al., 2021). El razonamiento deductivo permitió
contrastar categorías previamente definidas, mientras que el razonamiento inductivo
facilitó reconocer presiones, respuestas ecológicas y vacíos que emergieron durante la
lectura documental.
La delimitación operativa comprendió cuatro complejos ecosistémicos continentales:
bosques húmedos amazónicos y del Chocó, páramos y humedales altoandinos,
bosques secos y manglares. Cada registro ecosistema-año constituyó una unidad
cuantitativa, por lo que la matriz alcanzó un máximo teórico de 156 unidades temporales
(cuatro complejos multiplicados por 39 años), sujeto a la disponibilidad y calidad efectiva
de las variables. Las publicaciones, informes y bases institucionales constituyeron las
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unidades cualitativas y debieron contener información explícita sobre clima,
biodiversidad, cobertura, servicios ecosistémicos o gestión ambiental en Ecuador o en
territorios latinoamericanos comparables. Se excluyeron documentos sin autoría
identificable, estudios sin descripción metodológica, registros duplicados, análisis
exclusivamente urbanos y trabajos que no distinguieron cambios climáticos de otras
presiones ambientales. La pertinencia y calidad de los estudios empíricos se valoraron
mediante criterios compatibles con el Mixed Methods Appraisal Tool, mientras que la
delimitación territorial se contrastó con evaluaciones nacionales sobre biodiversidad,
servicios ecosistémicos y áreas protegidas (Koo et al., 2024; Mestanza-Ramón et al.,
2023).
La matriz cuantitativa reunió temperatura media, temperatura máxima, temperatura
mínima, precipitación, evapotranspiración y balance hídrico mensual obtenidos de
TerraClimate para el intervalo 1985-2023. Estos datos se agregaron en valores anuales
y por complejo ecosistémico, considerando que TerraClimate proporcionó variables
climáticas y de balance hídrico con una resolución aproximada de 1/24 de grado,
cercana a 4 km (Abatzoglou et al., 2018). Las superficies de bosque, vegetación natural,
agricultura, pastizales, infraestructura y cuerpos de agua se extrajeron de la colección
anual de MapBiomas Ecuador, mientras que los registros de presencia taxonómica se
obtuvieron de GBIF mediante filtros espaciales y temporales. La depuración eliminó
duplicados, coordenadas inválidas, registros sin año, observaciones fuera del territorio
delimitado y nombres taxonómicos que no pudieron normalizarse. La ausencia de
registros no se interpretó como ausencia de especies, debido a que los datos de
ocurrencia dependieron del esfuerzo de muestreo, la accesibilidad territorial y la
disponibilidad desigual de información (GBIF.org, 2026; MapBiomas Ecuador, 2026).
El análisis descriptivo calculó frecuencias absolutas, porcentajes, medias, medianas,
desviaciones estándar, rangos intercuartílicos y variaciones anuales para cada indicador
ambiental. El cambio porcentual acumulado se estimó mediante la expresión
[(V2023−V1985)/V1985]×100[(V_{2023}-V_{1985})/V_{1985}]\times100[(V2023−V1985
)/V1985]×100, siempre que el valor inicial fuese distinto de cero y existieran
observaciones comparables en ambos extremos. Las variables expresadas en escalas
diferentes se estandarizaron mediante puntuaciones z, con el propósito de representar
conjuntamente anomalías climáticas, pérdida de cobertura y variaciones de los
indicadores de biodiversidad. Los resultados se distribuyeron en intervalos de 1985-
1994, 1995-2004, 2005-2014 y 2015-2023, lo que facilitó describir cambios entre cuatro
periodos sin reducir el análisis a comparaciones entre dos años aislados. La interacción
se interpretó mediante matrices de presión-respuesta y coincidencias temporales entre
indicadores, sin convertir esas correspondencias descriptivas en pruebas de causalidad
o predicciones deterministas (Creswell & Creswell, 2023; Koo et al., 2024).
La interpretación cualitativa se efectuó mediante análisis temático reflexivo, combinando
categorías deductivas de exposición climática, sensibilidad ecológica, capacidad
adaptativa, pérdida de hábitat, servicios ecosistémicos y gobernanza con códigos
inductivos surgidos del corpus (Braun & Clarke, 2021). La codificación comprendió
familiarización con los documentos, generación de códigos, agrupación temática,
revisión de coherencia y elaboración de síntesis interpretativas vinculadas con cada
complejo ecosistémico. La integración final se realizó mediante matrices y
visualizaciones conjuntas que relacionaron tendencias cuantitativas con mecanismos,
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impactos y respuestas institucionales documentadas, procedimiento recomendado para
transparentar convergencias, complementariedades y contradicciones en estudios
mixtos (Guetterman et al., 2021). La trazabilidad se preservó mediante un registro de
búsquedas, decisiones de inclusión, diccionario de variables, criterios de limpieza y
versiones de las bases procesadas. Como solo se utilizaron fuentes secundarias y datos
abiertos, no se involucraron participantes humanos ni experimentación con organismos;
además, las coordenadas de especies amenazadas se presentaron de manera
agregada para evitar riesgos derivados de la divulgación de localizaciones sensibles
(GBIF.org, 2026; Page et al., 2021).
3. Resultados
Tendencias climáticas, ecológicas y de cobertura del suelo en ecosistemas
vulnerables
El análisis describió los cambios territoriales registrados en Ecuador entre 1985 y 2023
y diferenció las variaciones nacionales de los patrones observados en la Amazonía, los
Andes, el bosque húmedo tropical del Pacífico y el bosque seco ecuatorial. En 2023, la
cobertura natural representó el 68,2 % del territorio nacional, equivalente a 17,5 millones
de hectáreas, mientras que los usos antrópicos ocuparon el 31,8 %, correspondiente a
8,1 millones de hectáreas. Durante los 39 años examinados se perdieron 1,1 millones
de hectáreas de cobertura natural y los usos antrópicos aumentaron en una magnitud
equivalente, con una expansión relativa del 15,5 % (MapBiomas Ecuador, 2024). Debido
a que no se proporcionó la matriz climática anual procesada, no se calcularon medias,
desviaciones estándar ni intervalos de confianza propios.
La desagregación territorial mostró que la contracción de las coberturas naturales no se
distribuyó uniformemente entre los ecosistemas estudiados. La Amazonía registró la
mayor pérdida absoluta, con 500.000 ha, aunque el bosque húmedo tropical del Pacífico
presentó la reducción proporcional más elevada, equivalente al 23,1 % de su superficie
natural de 1985. Los Andes experimentaron la menor disminución relativa, con el 2,6 %,
mientras que el bosque seco ecuatorial perdió 110.000 ha, equivalentes al 5,9 %. En
sentido inverso, los usos antrópicos aumentaron en los cuatro biomas continentales,
pero la Amazonía presentó el crecimiento relativo más pronunciado, con el 126,4 %,
como se observa en la Tabla 1 (MapBiomas Ecuador, 2024).
Tabla 1
Cambios de cobertura natural y usos antrópicos por bioma del Ecuador, 1985-2023
Bioma
Pérdida de cobertura
natural (ha)
Pérdida
relativa (%)
Aumento de usos
antrópicos (ha)
Aumento
relativo (%)
Amazonía
500.000
6,0
463.000
126,4
Andes
58.000
2,6
187.000
6,3
Bosque húmedo
tropical del Pacífico
240.000
23,1
245.000
20,9
Bosque seco ecuatorial
110.000
5,9
197.000
7,8
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Nota: Los porcentajes fueron calculados por MapBiomas respecto de la extensión inicial de cada
cobertura o uso en 1985. Los biomas constituyeron aproximaciones territoriales para representar
los complejos ecosistémicos analizados; por ello, no equivalieron estrictamente a límites
administrativos ni a una sola categoría de ecosistema. Datos tomados de MapBiomas Ecuador
(2024).
La revisión por clases confirmó que las formaciones forestales acumularon una pérdida
neta de 981.000 ha. Dentro de este conjunto, el bosque denso disminuyó en 851.000
ha, cifra equivalente al 6,4 % de su extensión inicial, mientras que los manglares se
redujeron en 9.100 ha, correspondientes al 5,8 %. Las coberturas no forestales también
registraron contracciones: los herbazales perdieron 105.000 ha (8,6 % ( y las
formaciones naturales inundables disminuyeron en 19.000 ha (12,3 %). Paralelamente,
el bosque abierto aumentó en 112.900 ha y el bosque inundable en 7.000 ha, por lo que
la dinámica observada comprendió tanto pérdidas netas como redistribuciones entre
categorías de cobertura (MapBiomas Ecuador, 2024).
Los indicadores asociados con ecosistemas sensibles al clima mantuvieron el mismo
patrón de reducción territorial. La superficie glaciar disminuyó en 2.900 ha entre 1985 y
2023, equivalente al 37 %, mientras que los cuerpos de agua registraron una reducción
del 0,5 % durante 2000-2023 (MapBiomas Ecuador, 2024). En los páramos del sur, la
comparación de siete localidades situadas entre 2.780 y 3.760 m mostró diferencias
significativas en el carbono aéreo y subterráneo entre usos del suelo (p < 0,05): las
plantaciones de pino alcanzaron 55,4 y 6,9 tC/ha, los pastizales naturales 23,1 y 2,7
tC/ha, y los páramos pastoreados 9,1 y 1,5 tC/ha, respectivamente (Quiroz Dahik et al.,
2021).
La síntesis de los escenarios ecológicos complementó las tendencias observadas de
cobertura. El escenario nacional de deforestación redujo entre el 20 % y el 25 % la
provisión estimada de la mayoría de los servicios ecosistémicos y aumentó en un 5 %
la provisión de alimentos; a su vez, el escenario de incremento térmico de 4 °C hacia
2070 produjo cambios más marcados que el escenario de 2 °C (Koo et al., 2024). En
conjunto, los resultados mostraron una contracción sostenida de coberturas naturales,
una expansión simultánea de usos antrópicos y una distribución territorial desigual de
las pérdidas. No se incorporaron valores económicos ni financieros porque las fuentes
analizadas no reportaron estimaciones monetarias comparables para estas
transformaciones ecológicas (Koo et al., 2024; MapBiomas Ecuador, 2024).
Relación entre amenazas climáticas, alteración del hábitat y pérdida de
biodiversidad
El análisis examinó la correspondencia espacial y temporal entre la reducción de
coberturas naturales, la expansión de los usos antrópicos y las respuestas
documentadas de la biodiversidad. Entre 1985 y 2023, Ecuador perdió
aproximadamente 1,1 millones de hectáreas de cobertura natural, mientras las
superficies agropecuarias, silvícolas, mineras, acuícolas y urbanas aumentaron en una
magnitud semejante. La mayor pérdida absoluta ocurrió en la Amazonía, con 500.000
ha, y la mayor reducción proporcional se registró en el bosque húmedo tropical del
Pacífico, con 23,1 % de su cobertura inicial. Paralelamente, los usos antrópicos
crecieron 126,4 % en la Amazonía y 20,9 % en el bosque húmedo tropical del Pacífico.
Este patrón mostró que los territorios con mayor transformación del hábitat también
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concentraron las presiones más intensas sobre la continuidad y composición de los
ecosistemas (MapBiomas Ecuador, 2024).
La evaluación de escenarios nacionales permitió describir la interacción entre
deforestación, calentamiento y capacidad ecosistémica. Frente a la situación de
referencia, el escenario de deforestación redujo entre 20 % y 25 % la provisión potencial
de la mayoría de los componentes de biodiversidad y servicios ecosistémicos, aunque
la provisión de alimentos aumentó 5 %. Los escenarios climáticos proyectados para
2070 consideraron incrementos de temperatura de 2 °C y 4 °C; el segundo produjo
alteraciones espaciales más pronunciadas y disminuciones en la mayoría de los
indicadores evaluados. También se registró un desplazamiento potencial de las áreas
agrícolas hacia mayores altitudes y una mayor exposición de especies endémicas a
cambios en la distribución de los ecosistemas. La síntesis de estos indicadores se
presenta en la Tabla 2 (Koo et al., 2024).
Tabla 2
Indicadores de alteración del hábitat y respuestas documentadas de la biodiversidad
Ámbito analizado
Intensidad del
cambio
Respuesta documentada
Amazonía
500.000 ha; −6,0
%
Crecimiento de usos antrópicos de
463.000 ha; +126,4 %
Andes
58.000 ha; −2,6 %
Crecimiento de usos antrópicos de
187.000 ha; +6,3 %
Bosque húmedo
tropical del Pacífico
240.000 ha; −23,1
%
Crecimiento de usos antrópicos de
245.000 ha; +20,9 %
Bosque seco
ecuatorial
110.000 ha; −5,9
%
Crecimiento de usos antrópicos de
197.000 ha; +7,8 %
Ecuador continental,
escenario de
deforestación
No se reportó una
superficie única
Disminución de 20 %–25 % en la mayoría
de los indicadores de biodiversidad y
servicios ecosistémicos; aumento de 5 %
en provisión alimentaria
Chocó ecuatoriano
43 parcelas;
regeneración de
1–34 años
Composición de vertebrados: R² ajustado
= 0,62 con índices acústicos y 0,69 con
red neuronal convolucional
Nota: Los porcentajes territoriales se calcularon respecto de las coberturas existentes en 1985.
Los resultados del escenario nacional no correspondieron a cambios observados, sino a
variaciones modeladas frente a una condición de referencia. Los indicadores del Chocó
representaron asociaciones entre el gradiente de recuperación forestal y la composición de las
comunidades, no estimaciones nacionales de pérdida de especies (Koo et al., 2024; MapBiomas
Ecuador, 2024; Müller et al., 2023).
Los datos del Chocó ecuatoriano mostraron con mayor precisión la relación entre la
condición del hábitat y la composición de las comunidades animales. El análisis
comprendió 43 parcelas distribuidas entre pastizales y cultivos de cacao activos,
bosques secundarios con 1 a 34 años de regeneración y bosques maduros; mediante
identificación experta se registraron 183 especies de aves, 41 de anfibios y 3 de
mamíferos vocalizadores. La combinación de índices acústicos explicó el 62 % de la
variación ajustada en la composición de vertebrados, mientras que la composición de
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aves estimada mediante una red neuronal convolucional explicó el 69 %. Cuando se
consideraron las 49 especies de aves identificadas tanto por especialistas como por el
modelo automatizado, el coeficiente de determinación aumentó a R² = 0,85. La
composición de las comunidades se aproximó progresivamente a la de los bosques
maduros, aunque la riqueza total de especies no siguió una trayectoria equivalente
(Müller et al., 2023).
La revisión documental confirmó que la evidencia disponible describió con mayor
frecuencia los efectos de la perturbación humana que los efectos climáticos aislados.
De 266 investigaciones sobre biodiversidad y servicios ecosistémicos del Ecuador
continental publicadas entre 2000 y 2020, 70 se concentraron en aves, mientras cada
uno de los demás grupos taxonómicos presentó menos de 34 estudios; además, los
resultados variaron según la escala, el ecosistema y el indicador empleado. Por esta
heterogeneidad no se calcularon medias combinadas, desviaciones estándar, intervalos
de confianza ni valores p generales para los cuatro complejos ecosistémicos. En
términos descriptivos, el hallazgo central correspondió a la coincidencia entre pérdida
de cobertura, expansión antrópica y modificación de la composición biológica, con
respuestas cuantitativas más evidentes en el bosque húmedo del Pacífico y en los
escenarios nacionales de deforestación y calentamiento (Kleemann et al., 2022; Müller
et al., 2023).
Sensibilidad ecosistémica, servicios ambientales y prioridades de conservación
El análisis comparó la sensibilidad de los ecosistemas vulnerables según su
capacidad para mantener biodiversidad y proporcionar alimentos, agua,
regulación climática, control de erosión, polinización y valores paisajísticos. Los
ecosistemas asociados con el páramo concentraron las capacidades más altas
para suministrar simultáneamente varios de estos servicios ambientales. Frente
a la condición de referencia, el escenario de deforestación redujo entre 20 % y
25 % la mayoría de los indicadores de biodiversidad y servicios ecosistémicos,
aunque la provisión alimentaria aumentó 5 %. Los escenarios de calentamiento
de 2 °C y 4 °C también disminuyeron la capacidad de provisión, con cambios
espaciales más intensos bajo el incremento de 4 °C. La sensibilidad se
concentró, por tanto, en las unidades que combinaron elevada multifuncionalidad
ecológica con exposición a deforestación y calentamiento (Koo et al., 2024).
Esta concentración resultó especialmente marcada en las turberas altoandinas,
cuyo estado se examinó mediante registros correspondientes a 163 sitios
distribuidos en los Andes ecuatorianos. Los valores del índice acumulativo de
perturbación fueron mayores en las turberas ubicadas en la cordillera Occidental,
lo que evidenció una distribución territorial desigual de la presión humana.
Aunque el páramo ocupó aproximadamente el 5 % del territorio nacional y sus
turberas representaron cerca del 20 % de ese ecosistema, los suelos de estos
humedales alcanzaron concentraciones superiores a 2.000 MgC/ha. La
superficie comparativamente reducida contrastó así con la elevada densidad de
carbono y con la concentración de funciones de almacenamiento hídrico y
regulación climática. Los resultados situaron a las turberas occidentales entre las
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unidades con mayor coincidencia entre valor ecosistémico y sensibilidad
documentada (Suarez et al., 2022).
La evaluación del carbono en siete localidades de páramo, distribuidas entre
2.780 y 3.760 m s. n. m., mostró diferencias significativas entre pastizales
naturales, páramos pastoreados y plantaciones de Pinus patula (p < 0,05). Las
plantaciones registraron 55,4 tC/ha en biomasa aérea y 6,9 tC/ha en biomasa
subterránea, frente a 23,1 y 2,7 tC/ha en pastizales naturales, y 9,1 y 1,5 tC/ha
en páramos pastoreados. Sin embargo, el carbono orgánico del suelo representó
el 91,5 % del carbono total en pastizales naturales, el 96,4 % en áreas
pastoreadas y el 80,6 % en plantaciones. En tres de las siete localidades, las
plantaciones presentaron reservas edáficas significativamente menores que los
otros usos; en una localidad se observó un valor superior y en las restantes no
se registraron diferencias significativas. Los depósitos totales oscilaron entre
179,3 y 404,3 tC/ha, con una disminución de la biomasa de pino conforme
aumentó la elevación (Quiroz Dahik et al., 2021).
La expresión territorial de esta sensibilidad coincidió con una reducción
sostenida de las coberturas naturales ecuatorianas. En 2023 permanecieron
17,5 millones de hectáreas de cobertura natural, equivalentes al 68,2 % del
territorio, mientras los usos antrópicos ocuparon 8,1 millones de hectáreas,
correspondientes al 31,8 %. Entre 1985 y 2023 se perdieron 1,1 millones de
hectáreas de coberturas naturales, de las cuales 981.000 ha correspondieron a
superficies boscosas. Paralelamente, el inventario de conservación examinó 74
áreas protegidas pertenecientes a los subsistemas estatal, autónomo
descentralizado, comunitario y privado. La distribución observada concentró las
prioridades en remanentes naturales sometidos a transformación, turberas con
alta densidad de carbono y unidades protegidas vinculadas con corredores de
biodiversidad y provisión hídrica (MapBiomas Ecuador, 2024; Mestanza-Ramón
et al., 2023).
La síntesis descriptiva mostró que la mayor sensibilidad no dependió únicamente
de la magnitud de la pérdida de cobertura, sino de la concurrencia entre
exposición climática, perturbación humana y concentración de servicios
ambientales. Los páramos y sus turberas destacaron por su elevada capacidad
de almacenamiento de carbono y regulación hídrica, mientras los ecosistemas
forestales presentaron una pérdida acumulada de 981.000 ha y reducciones
modeladas de hasta 25 % en la mayoría de los servicios bajo deforestación. Las
plantaciones incrementaron la biomasa aérea respecto de los pastizales, pero
no mantuvieron un patrón equivalente en las reservas de carbono del suelo. No
se obtuvieron medias económicas, intervalos financieros ni valores monetarios
comparables, porque las fuentes examinadas expresaron los resultados
mediante hectáreas, toneladas de carbono y porcentajes de variación. El
hallazgo central correspondió a la superposición de alta provisión ecosistémica
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y elevada presión ambiental en un conjunto territorial limitado y heterogéneo
(Koo et al., 2024; Quiroz Dahik et al., 2021; Suarez et al., 2022).
4. Discusión
El estudio analiza las interacciones entre cambio climático, transformación territorial y
pérdida de biodiversidad en cuatro complejos ecosistémicos vulnerables del Ecuador.
Los hallazgos sugieren que la reducción de 1,1 millones de hectáreas de cobertura
natural entre 1985 y 2023 no constituye un proceso homogéneo, pues la mayor pérdida
absoluta se concentra en la Amazonía y la disminución proporcional más intensa
corresponde al bosque húmedo tropical del Pacífico. Esta diferenciación territorial indica
que la vulnerabilidad depende tanto de la extensión transformada como de la intensidad
relativa del cambio y de la capacidad de cada ecosistema para mantener conectividad,
hábitats y servicios ambientales. La reducción modelada de entre 20 % y 25 % en la
mayoría de los servicios bajo un escenario de deforestación refuerza la interpretación
de que el deterioro de la biodiversidad compromete funciones ecológicas que sostienen
la adaptación climática. No obstante, estas correspondencias deben interpretarse como
patrones convergentes y no como relaciones causales demostradas, debido al carácter
documental, descriptivo y no experimental del estudio (IPCC, 2022; Koo et al., 2024;
MapBiomas Ecuador, 2024).
La evidencia analizada coincide con la evaluación nacional de Koo et al. (2024), que
identifica disminuciones en la provisión ecosistémica bajo escenarios de deforestación
y calentamiento de 2 °C y 4 °C, aunque también muestra un aumento del 5 % en la
provisión alimentaria. Esta aparente compensación sugiere que la expansión productiva
puede incrementar un servicio de abastecimiento mientras reduce regulación climática,
conservación de hábitats y otros beneficios ecológicos, por lo que una lectura basada
en un único indicador resultaría insuficiente. En el Chocó ecuatoriano, la aproximación
progresiva de las comunidades animales hacia la composición de los bosques maduros
converge con la posibilidad de recuperación ecológica, pero la ausencia de una
trayectoria equivalente en la riqueza total revela que la regeneración estructural no
implica necesariamente una restitución completa de la biodiversidad (Müller et al., 2023).
Una divergencia semejante aparece en los páramos, donde las plantaciones de pino
presentan mayor biomasa aérea que los pastizales, pero no mantienen de forma
consistente las reservas edáficas de carbono, cuyo aporte alcanza entre el 80,6 % y el
96,4 % del carbono total según el uso del suelo. En conjunto, estos contrastes respaldan
la necesidad de valorar simultáneamente composición biológica, carbono del suelo,
cobertura y funcionalidad, en concordancia con la elevada sensibilidad documentada en
163 turberas altoandinas (Quiroz Dahik et al., 2021; Suarez et al., 2022).
La integración de estos resultados amplía el análisis teórico al mostrar que la
sensibilidad ecosistémica no se explica únicamente por la pérdida superficial, sino por
la superposición entre exposición climática, perturbación antrópica y concentración de
servicios ambientales. Desde una perspectiva práctica, esta relación sitúa como
prioridades a las turberas con más de 2.000 MgC/ha, los remanentes forestales
sometidos a fragmentación y las unidades que sostienen conectividad, regulación
hídrica y hábitats de especies endémicas. La existencia de 74 áreas protegidas aporta
una base institucional relevante, aunque los patrones observados indican que la
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conservación requiere articular esos espacios con paisajes intervenidos y corredores
ecológicos, en lugar de limitarse a polígonos formalmente protegidos (Mestanza-Ramón
et al., 2023). Esta orientación adquiere importancia económica porque Ecuador necesita
inversiones anuales equivalentes al 3,5 % del PIB entre 2025 y 2050 para avanzar hacia
un desarrollo resiliente, mientras los costos climáticos proyectados para infraestructura
vial alcanzan cientos de millones de dólares anuales (Banco Mundial, 2024). La brecha
entre estas necesidades y los USD 200.000 millones movilizados mundialmente para
soluciones basadas en la naturaleza, de los cuales solo el 18 % procede del sector
privado, refuerza la utilidad de jerarquizar intervenciones con beneficios conjuntos para
biodiversidad, adaptación y bienestar social (UNEP, 2023).
El alcance de los hallazgos permanece condicionado por el uso de fuentes secundarias
heterogéneas, la desigual disponibilidad de registros entre ecosistemas y taxones y la
ausencia de una matriz climática anual procesada que permitiera estimar asociaciones
propias, intervalos de confianza o tendencias estandarizadas para todas las unidades.
Los registros de presencia también dependen del esfuerzo de muestreo y de la
accesibilidad territorial, por lo que una menor cantidad de observaciones no equivale
necesariamente a una menor riqueza biológica (GBIF.org, 2026). Asimismo, los
escenarios de deforestación y calentamiento provienen de modelaciones, mientras
varios resultados sobre carbono, restauración y composición faunística corresponden a
localidades específicas y no deben extrapolarse automáticamente al territorio nacional.
A partir de estas limitaciones, futuras investigaciones deberían integrar series climáticas
y de cobertura armonizadas, modelos de ocupación de especies, métricas de
conectividad y diseños espaciales capaces de distinguir con mayor precisión los efectos
del clima frente a otras presiones. También resulta necesario incorporar valoraciones
económicas comparables de los servicios y evaluar la efectividad de las áreas
protegidas y de la restauración bajo escenarios climáticos contrastantes. Pese a estas
restricciones, la contribución central consiste en articular evidencia climática, territorial,
biológica y socioeconómica dentro de un marco común, con lo cual se atiende la
fragmentación analítica identificada y se proporciona una base más consistente para
definir prioridades de conservación en ecosistemas vulnerables del Ecuador (Creswell
& Creswell, 2023; Koo et al., 2024; Kleemann et al., 2022).
5. Conclusiones
Los resultados permiten concluir que el cambio climático, la transformación del territorio
y la pérdida de biodiversidad interactúan de manera diferenciada en los ecosistemas
vulnerables del Ecuador. La reducción de aproximadamente 1,1 millones de hectáreas
de cobertura natural entre 1985 y 2023 evidencia una presión sostenida, cuya intensidad
varía entre la Amazonía, los Andes, el bosque húmedo tropical del Pacífico y el bosque
seco ecuatorial. Esta heterogeneidad indica que la vulnerabilidad no depende
únicamente de la superficie transformada, sino también de la exposición climática, la
fragmentación y la capacidad de cada ecosistema para mantener conectividad y
servicios ambientales. Dentro del alcance descriptivo y no experimental del estudio, los
patrones observados sugieren una asociación consistente entre expansión antrópica,
degradación del hábitat y modificación de la integridad ecológica.
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La integración de los objetivos específicos evidencia una contracción general de las
coberturas naturales, acompañada por respuestas ecológicas distintas según el
ecosistema y el indicador examinado. La pérdida acumulada de 981.000 ha de
superficies boscosas coincide con escenarios que estiman disminuciones de entre 20
% y 25 % en la mayoría de los servicios ecosistémicos bajo deforestación, aunque se
observa un incremento del 5 % en la provisión alimentaria. Asimismo, la recuperación
de la estructura forestal no equivale necesariamente a la restitución completa de la
composición biológica, mientras las plantaciones con mayor biomasa aérea no
conservan de forma uniforme el carbono almacenado en el suelo. Estos hallazgos
evidencian que cobertura, biodiversidad y funcionalidad deben evaluarse de forma
conjunta, sin reducir el estado ecosistémico a un único indicador.
El aporte principal del estudio consiste en articular información climática, territorial,
biológica y socioeconómica dentro de un marco comparativo aplicable a la definición de
prioridades de conservación. Esta integración permite reconocer que los páramos, las
turberas, los remanentes forestales y los corredores ecológicos concentran
simultáneamente alta provisión de servicios ambientales y elevada sensibilidad frente a
presiones acumuladas. La existencia de 74 áreas protegidas constituye una base
institucional relevante, pero los resultados sugieren que su efectividad depende de la
conectividad con paisajes intervenidos y de la incorporación de criterios de adaptación
climática. En términos profesionales e institucionales, esta evidencia respalda una
asignación más estratégica de recursos, especialmente ante necesidades de inversión
climática equivalentes al 3,5 % del PIB anual entre 2025 y 2050.
A partir de estos resultados, se recomienda fortalecer el monitoreo integrado de clima,
cobertura, biodiversidad y servicios ambientales mediante series comparables y
procedimientos estandarizados. Las investigaciones futuras deberían incorporar
modelos de ocupación de especies, métricas de conectividad, evaluaciones económicas
de servicios ecosistémicos y diseños espaciales que permitan distinguir con mayor
precisión las presiones climáticas de las transformaciones directas del hábitat. También
resulta pertinente evaluar la efectividad de la restauración, las áreas protegidas y los
corredores bajo escenarios de calentamiento contrastantes, sin extrapolar
automáticamente resultados locales al ámbito nacional. La contribución central de la
investigación radica, por tanto, en reducir la fragmentación analítica del problema y
ofrecer una base integrada para orientar conservación, adaptación y gestión territorial
en los ecosistemas ecuatorianos más vulnerables.
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CONFLICTO DE INTERESES
“Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses”.