Revista de Investigación y Liderazgo Vol. 01 (Num. 03)(Julio–Septiembre 2024) ISSN 3151-8532
Saberes integrados para nuevos escenarios científicos
Recibido: 17/07/2024 Aceptado: 12/08/2024 Publicado: 15/09/2024
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61
DOI: https://doi.org/10.63618/omd/revinvlid/v1/n3/20
Seguridad del paciente y calidad del cuidado en la
práctica de enfermería.
Patient safety and quality of care in nursing practice.
Herrera-Sánchez, Priscila Jaqueline
1
1
Pontificia Universidad Católica del Ecuador; Ecuador; https://orcid.org/0000-0002-6537-3743;
pjherreras@pucesd.edu.ec.
Cita: Herrera-Sánchez, P. J. (2024). Seguridad del paciente y calidad del cuidado en la práctica
de enfermería. Revista De Investigación Y Liderazgo, 1(3), 61-
76. https://doi.org/10.63618/omd/revinvlid/v1/n3/20
Resumen
La seguridad del paciente y la calidad del cuidado constituyen dimensiones estrechamente vinculadas con
las condiciones organizacionales en las que se desarrolla la práctica de enfermería, especialmente ante
cargas asistenciales elevadas, dotación insuficiente y agotamiento profesional. El estudio tuvo como
objetivo analizar la relación entre la seguridad del paciente y la calidad del cuidado en la práctica de
enfermería dentro de los servicios de salud. Se desarrolló una investigación cualitativa, documental, no
experimental, transversal y de alcance exploratorio, mediante la revisión y el análisis temático de literatura
científica y documentos institucionales de Ecuador, Latinoamérica y otros contextos pertinentes. Los
resultados evidenciaron percepciones limitadas de la cultura de seguridad, debilidades en la dotación de
personal y en la respuesta no punitiva ante los errores, así como asociaciones entre mayor carga asistencial,
menor calidad percibida, eventos adversos, cuidados omitidos y menor satisfacción del paciente. La
interpretación de los hallazgos mostró que la seguridad y la calidad dependieron no solo del desempeño
individual, sino también del ambiente laboral, la gestión institucional y la disponibilidad de recursos
humanos. Se concluyó que fortalecer los entornos organizacionales y la planificación del personal podría
contribuir a una atención de enfermería más segura, continua y centrada en la calidad.
Palabras clave: seguridad del paciente, calidad del cuidado, práctica de enfermería, cultura de seguridad,
factores organizacionales.
Abstract
Patient safety and quality of care are closely linked to the organizational conditions in which nursing practice
takes place, especially in the face of high patient loads, insufficient staffing, and professional burnout. The
study aimed to analyze the relationship between patient safety and quality of care in nursing practice within
health care services. A qualitative, documentary, non-experimental, cross-sectional study with an
exploratory scope was conducted through a review and thematic analysis of scientific literature and
institutional documents from Ecuador, Latin America, and other relevant contexts. The results revealed
limited perceptions of a safety culture, weaknesses in staffing levels and in non-punitive responses to errors,
as well as associations between higher patient workload, lower perceived quality, adverse events, omitted
care, and lower patient satisfaction. Interpretation of the findings showed that safety and quality depended
not only on individual performance but also on the work environment, institutional management, and the
availability of human resources. It was concluded that strengthening organizational environments and
staffing planning could contribute to safer, more continuous, and quality-centered nursing care.
Keywords: patient safety, quality of care, nursing practice, safety culture, organizational factors.
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1. Introducción
La seguridad del paciente constituye una dimensión esencial de la calidad asistencial
porque orienta los servicios médicos hacia la prevención del daño evitable y la reducción
sistemática de los riesgos vinculados con la atención. A escala mundial,
aproximadamente 1 de cada 10 pacientes experimenta algún daño durante la atención
sanitaria y más de 3 millones de personas mueren cada año por prácticas inseguras;
además, más del 50 % de estos daños se considera prevenible (Organización Mundial
de la Salud [OMS], 2023). En Ecuador, la práctica de enfermería adquiere especial
relevancia debido a que el sistema registra 27.518 profesionales de enfermería,
equivalentes a 15,6 por cada 10.000 habitantes, distribuidos en establecimientos
públicos y privados (Instituto Nacional de Estadística y Censos [INEC], 2025). En este
contexto, la unidad de análisis se concentra en los profesionales de enfermería que
brindan cuidado directo en servicios médicos y hospitalarios, dado que participan de
manera continua en la vigilancia clínica, la administración terapéutica, la comunicación
interdisciplinaria y la prevención de eventos adversos.
La interacción entre condiciones organizacionales, carga asistencial, disponibilidad de
personal, comunicación clínica, fatiga, agotamiento profesional y continuidad del
cuidado configura un entorno en el que la seguridad depende tanto del desempeño
individual como de la solidez de los procesos institucionales. Los errores relacionados
con medicamentos afectan aproximadamente a 1 de cada 30 pacientes, mientras que
las caídas hospitalarias presentan tasas de 3 a 5 eventos por cada 1.000 días-cama y
más de un tercio ocasiona lesiones (OMS, 2023). Estas situaciones incrementan la
estancia hospitalaria, favorecen complicaciones evitables, deterioran la confianza de los
usuarios y generan costos adicionales para las instituciones y las familias. El impacto
económico también trasciende al sector sanitario, pues el daño asociado con una
atención insegura puede reducir el crecimiento económico mundial en
aproximadamente 0,7 % anual y producir costos indirectos de billones de dólares
estadounidenses (OMS, 2023). Por consiguiente, mantener modelos reactivos y
centrados únicamente en la culpabilización limita el aprendizaje institucional, mientras
que la participación activa del paciente puede reducir la carga del daño hasta en 15 %.
La evidencia reciente confirma que las condiciones en las que se desarrolla la práctica
de enfermería influyen directamente sobre los resultados clínicos y la calidad percibida.
Un estudio realizado en 40 hospitales chilenos integra información de 1.652
profesionales de enfermería y 761.948 hospitalizaciones, e identifica una carga
promedio de 14,1 pacientes por enfermera; asimismo, cada paciente adicional asignado
se asocia con un incremento aproximado del 4 % en el riesgo de mortalidad (Aiken et
al., 2021). De forma complementaria, una revisión sistemática de estudios longitudinales
sostiene que una menor disponibilidad de personal de enfermería se relaciona con
resultados clínicos menos favorables, aunque reconoce variaciones entre contextos y
métodos de medición (Dall’Ora et al., 2022). El agotamiento profesional también
representa un factor crítico, ya que un metaanálisis de 85 estudios y 288.581
profesionales vincula el burnout con mayor frecuencia de errores de medicación,
infecciones, caídas, eventos adversos y menor calidad del cuidado (Li et al., 2024). Esta
convergencia evidencia que la seguridad del paciente y la calidad del cuidado
constituyen resultados interdependientes de la organización del trabajo enfermero.
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A pesar de la expansión del conocimiento regional, la literatura latinoamericana
mantiene limitaciones que dificultan comprender la relación específica entre seguridad
del paciente y calidad del cuidado desde la perspectiva de enfermería. Una revisión con
metaanálisis incluye únicamente 30 estudios procedentes de cinco países, con 10.915
participantes y una representación de personal de enfermería cercana al 93 %, pero no
incorpora investigaciones realizadas en Ecuador (Camacho-Rodríguez et al., 2022). La
percepción global de la cultura de seguridad alcanza apenas 48,07 puntos sobre 100 y
disminuye a 45,60 entre los profesionales de enfermería; además, las dimensiones de
respuesta no punitiva al error y dotación de personal registran 34,8 % y 39,5 % de
respuestas positivas, respectivamente. La heterogeneidad cercana al 98 %, el
predominio de 29 diseños transversales y la ausencia de intervenciones limitan la
generalización y la explicación causal de los hallazgos (Camacho-Rodríguez et al.,
2022). Aunque la producción científica regional reúne 939 documentos, de los cuales
872 se publican en inglés, persisten baja visibilidad y liderazgo latinoamericano, lo que
refuerza la necesidad de evidencia contextualizada (Aguirre, 2021).
La pertinencia de analizar este fenómeno en Ecuador se sustenta en la magnitud
operativa del sistema sanitario y en la responsabilidad cotidiana que asume el personal
de enfermería dentro de la atención. El país registra 4.109 establecimientos de salud,
de los cuales 626 cuentan con internación hospitalaria y 3.483 funcionan sin internación;
durante 2021 también se reportan 31,1 millones de consultas de morbilidad y 1.059.700
ingresos por emergencias (INEC, 2025). Asimismo, el sector público concentra
aproximadamente el 81,9 % del personal de enfermería, por lo que las condiciones de
seguridad y calidad repercuten sobre una proporción amplia de usuarios y servicios. El
análisis conjunto de ambas variables ofrece relevancia social al orientar mejoras en el
cuidado, valor teórico al precisar relaciones aún insuficientemente estudiadas y utilidad
metodológica al aprovechar instrumentos estructurados que evalúan hasta 12
dimensiones de la cultura de seguridad (Camacho-Rodríguez et al., 2022). La
disponibilidad de profesionales, escenarios asistenciales y mecanismos de recolección
mediante cuestionarios permite desarrollar una evaluación viable sin requerir
intervenciones clínicas costosas ni alterar la atención habitual.
Ante la magnitud del problema y la limitada evidencia ecuatoriana, el estudio establece
como objetivo general analizar la relación entre la seguridad del paciente y la calidad
del cuidado en la práctica de enfermería dentro de los servicios de salud. Este propósito
se desarrolla mediante tres objetivos específicos orientados a describir el nivel de
seguridad del paciente percibido por los profesionales de enfermería, determinar el nivel
de calidad del cuidado brindado y relacionar ambas variables considerando factores
laborales y organizacionales susceptibles de medición. La valoración estructurada
permite examinar componentes como trabajo en equipo, comunicación, aprendizaje
organizacional, dotación de personal y respuesta institucional ante los errores,
dimensiones que forman parte de modelos ampliamente utilizados en investigación
hospitalaria (Camacho-Rodríguez et al., 2022). La obtención de información mediante
cuestionarios anónimos y aplicados durante un periodo definido favorece el uso eficiente
de recursos y la participación voluntaria. El tratamiento agregado de los resultados
también permite preservar confidencialidad, consentimiento informado y respeto por la
autonomía de los participantes, principios coherentes con las orientaciones
contemporáneas sobre seguridad y calidad asistencial (OMS, 2024).
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La contribución esperada consiste en generar un referente empírico ecuatoriano que
integre dos dimensiones frecuentemente estudiadas de manera separada: la seguridad
del paciente y la calidad del cuidado enfermero. Su originalidad se fundamenta en
responder a la ausencia de Ecuador dentro de una síntesis regional de 30 estudios y en
priorizar la perspectiva del grupo profesional que registra la menor valoración promedio
de cultura de seguridad en la evidencia latinoamericana (Camacho-Rodríguez et al.,
2022). Los hallazgos pueden sustentar decisiones relacionadas con dotación de
personal, fortalecimiento de competencias, comunicación clínica, notificación no punitiva
y mejora continua, especialmente cuando las dimensiones evaluadas se ubican por
debajo del umbral del 50 % de respuestas positivas. De esta manera, el estudio aporta
información aplicable a la gestión institucional y amplía el conocimiento académico
sobre los mecanismos mediante los cuales la práctica de enfermería influye en la
experiencia y los resultados del paciente. Esta orientación se articula con el Plan de
Acción Mundial para la Seguridad del Paciente 2021–2030, cuyo propósito es alcanzar
la máxima reducción posible del daño evitable y consolidar sistemas de atención
seguros y respetuosos (OMS, 2021)
2. Materiales y Métodos
El estudio se desarrolló desde una perspectiva cualitativa orientada a interpretar cómo
la literatura científica y los documentos institucionales abordaron la relación entre
seguridad del paciente, calidad del cuidado y práctica de enfermería. La unidad de
análisis estuvo constituida por publicaciones académicas y técnicas vinculadas con los
servicios de salud de Ecuador y Latinoamérica, sin recurrir a mediciones experimentales
ni a estimaciones estadísticas de asociación. Esta orientación permitió examinar
significados, categorías conceptuales, condiciones organizacionales y experiencias
documentadas que no podían reducirse únicamente a indicadores numéricos. La
interpretación se centró en reconocer patrones compartidos, divergencias y vacíos de
conocimiento relacionados con el desempeño enfermero y la prevención del daño
asistencial. La elección respondió a la capacidad del análisis cualitativo para integrar
evidencia heterogénea y construir explicaciones contextualizadas sobre fenómenos
complejos de los sistemas sanitarios (Braun & Clarke, 2022; Munn et al., 2022).
A partir de esta orientación interpretativa, la investigación se organizó mediante un
diseño no experimental de corte transversal documental, debido a que la información se
examinó tal como había sido publicada y no se manipularon variables, intervenciones ni
condiciones de la práctica clínica. El componente transversal se estableció mediante
una delimitación temporal que comprendió documentos publicados entre enero de 2021
y junio de 2026, con el propósito de obtener una representación contemporánea del
conocimiento disponible. Esta decisión permitió describir el estado reciente de la
evidencia sin pretender establecer secuencias temporales, relaciones causales o
efectos atribuibles a una exposición específica. El diseño mantuvo correspondencia con
la naturaleza documental del estudio, ya que la observación se efectuó sobre fuentes
secundarias y no sobre profesionales o pacientes. La organización transparente de las
etapas de identificación, selección y síntesis se apoyó en recomendaciones
internacionales para revisiones de evidencia (Page et al., 2021; Peters et al., 2022).
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La delimitación metodológica se articuló como una investigación documental con lógica
deductiva e inductiva, de modo que el análisis partió de conceptos previamente
reconocidos y, al mismo tiempo, permaneció abierto a categorías emergentes. En la
fase deductiva se consideraron como referentes iniciales la cultura de seguridad, la
prevención de eventos adversos, la dotación de personal, la comunicación clínica, el
trabajo en equipo, la calidad percibida y la continuidad del cuidado. Estas categorías se
fundamentaron en marcos internacionales y en evidencia reciente sobre factores
organizacionales vinculados con el daño asistencial y los resultados del cuidado
enfermero (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2023; Aiken et al., 2021). La fase
inductiva permitió identificar contenidos no previstos relacionados con barreras
institucionales, aprendizaje organizacional, respuesta no punitiva al error y
particularidades de los sistemas latinoamericanos. La combinación de ambos
razonamientos favoreció una interpretación flexible sin abandonar la coherencia entre la
pregunta de investigación, el marco conceptual y los hallazgos documentales (Braun &
Clarke, 2021; Byrne, 2022).
La amplitud y heterogeneidad del problema justificaron un alcance exploratorio dirigido
a reconocer cómo se había estudiado la seguridad del paciente en relación con la
calidad del cuidado y la práctica de enfermería. El análisis buscó mapear conceptos
predominantes, factores asociados, consecuencias clínicas e institucionales, enfoques
metodológicos empleados y áreas insuficientemente investigadas en Ecuador y
Latinoamérica. Esta aproximación no tuvo como finalidad comprobar hipótesis causales
ni determinar la magnitud estadística de las asociaciones, sino generar una comprensión
organizada del campo y establecer bases para investigaciones posteriores. La revisión
también permitió examinar la limitada representación de determinados contextos
nacionales y la variabilidad con la que se habían evaluado las dimensiones de seguridad
en los hospitales de la región. La elección del alcance fue consistente con las revisiones
exploratorias, cuya finalidad consiste en identificar la extensión, características y vacíos
de la evidencia disponible (Munn et al., 2022; Camacho-Rodríguez et al., 2022).
Para asegurar una recuperación amplia y pertinente, se consultaron PubMed/MEDLINE,
Scopus, Web of Science, CINAHL, SciELO y LILACS, junto con repositorios oficiales de
la OMS, la Organización Panamericana de la Salud y entidades sanitarias ecuatorianas.
La estrategia se estructuró mediante los componentes población, concepto y contexto:
profesionales de enfermería; seguridad del paciente y calidad del cuidado; y servicios
de salud de Ecuador y Latinoamérica. Se combinaron los términos “patient safety”,
“quality of health care”, “nursing care”, “nursing staff”, “Ecuador” y “Latin America”, así
como sus equivalentes en español y portugués, mediante los operadores booleanos
AND y OR. Las ecuaciones se ajustaron a la sintaxis de cada base de datos y se
aplicaron filtros de periodo e idioma sin restringir inicialmente el tipo de servicio
asistencial. La planificación de la búsqueda y el registro de sus decisiones siguieron
principios de transparencia y reproducibilidad recomendados para las revisiones de
alcance y otras síntesis documentales (Peters et al., 2022; Page et al., 2021).
La conformación del corpus incluyó artículos originales, revisiones sistemáticas,
estudios cualitativos, investigaciones observacionales y documentos técnicos
publicados en español, inglés o portugués entre 2021 y junio de 2026. Se admitieron
fuentes que abordaron de manera explícita la participación del personal de enfermería
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en la seguridad del paciente, la calidad asistencial, la cultura de seguridad, los eventos
adversos o las condiciones organizacionales del cuidado. También se incorporaron
estudios internacionales cuando sus resultados aportaron categorías transferibles al
análisis latinoamericano, particularmente en materia de dotación de personal,
agotamiento profesional y resultados clínicos (Aiken et al., 2021; Li et al., 2024). Se
excluyeron duplicados, resúmenes sin texto completo, editoriales, cartas, documentos
de opinión y estudios en los que la contribución de enfermería no pudo diferenciarse de
la de otros grupos profesionales. La selección se efectuó mediante revisión sucesiva de
títulos, resúmenes y textos completos, y el corpus final quedó integrado únicamente por
las fuentes que cumplieron los criterios de pertinencia y elegibilidad establecidos (Page
et al., 2021).
Una vez definido el corpus documental, la información se organizó en una matriz que
incluyó autor, año, país, objetivo, diseño, contexto asistencial, población estudiada,
conceptos principales, hallazgos, limitaciones y aportes para la práctica de enfermería.
La extracción priorizó contenidos relacionados con factores humanos y
organizacionales, comunicación, liderazgo, carga laboral, notificación de incidentes,
continuidad del cuidado, calidad percibida y resultados del paciente. Posteriormente, se
aplicó un análisis temático reflexivo mediante lectura reiterada, codificación inicial,
agrupación de códigos, construcción de temas, revisión de coherencia y elaboración de
la narrativa interpretativa. El proceso se desarrolló de manera recursiva, por lo que las
categorías fueron revisadas conforme surgieron nuevas relaciones entre la evidencia
regional y los referentes internacionales. Esta estrategia evitó limitar el análisis a una
descripción bibliográfica y permitió construir interpretaciones sustentadas sobre la
interacción entre seguridad y calidad del cuidado (Pollock et al., 2023; Byrne, 2022;
Braun & Clarke, 2021).
El resguardo del rigor metodológico se sostuvo mediante un registro sistemático de las
decisiones de búsqueda, selección, codificación y construcción temática, acompañado
de revisiones iterativas de la correspondencia entre los documentos, los códigos y las
interpretaciones obtenidas. La credibilidad se fortaleció mediante la comparación
constante entre fuentes científicas, documentos oficiales y evidencia procedente de
distintos países, mientras que la trazabilidad se aseguró conservando las ecuaciones
de búsqueda, los criterios de elegibilidad y la matriz de extracción. Debido a que la
investigación utilizó exclusivamente información publicada y de acceso documental, no
se estableció contacto con pacientes, profesionales de enfermería ni instituciones
sanitarias, y tampoco se recopilaron datos personales o clínicos identificables. El estudio
mantuvo el reconocimiento íntegro de la autoría, la citación adecuada de las fuentes y
el respeto por las disposiciones institucionales aplicables a la investigación documental.
Estas medidas fueron coherentes con los principios de transparencia, responsabilidad
científica y protección ética promovidos para la comunicación biomédica (International
Committee of Medical Journal Editors [ICMJE], 2026; Page et al., 2021).
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3. Resultados
Seguridad del paciente en la práctica de enfermería
El análisis documental de la seguridad del paciente se orientó a identificar la magnitud
del daño asistencial, los principales riesgos vinculados con el cuidado y los patrones de
seguridad relacionados con la práctica de enfermería. La evidencia revisada mostró que
aproximadamente 1 de cada 10 pacientes experimentó daños durante la atención
sanitaria y que más de 3 millones de muertes anuales estuvieron asociadas con
cuidados inseguros. Más del 50 % de los daños se consideró prevenible, mientras que
los incidentes relacionados con medicamentos representaron cerca de la mitad del daño
evitable y afectaron aproximadamente a 1 de cada 30 pacientes. En la atención primaria
y ambulatoria, la frecuencia estimada alcanzó hasta 4 de cada 10 usuarios, con
proporciones de evitabilidad de hasta 80 %. Asimismo, el impacto económico potencial
del daño redujo el crecimiento económico mundial alrededor de 0,7 % anual y generó
costos indirectos estimados en billones de dólares (Organización Mundial de la Salud
[OMS], 2023).
La evidencia latinoamericana examinada estuvo representada por una revisión
sistemática con metaanálisis que integró 30 estudios, 10.915 participantes y cinco
países: Brasil aportó 22 investigaciones; Colombia y México, tres cada uno; mientras
que Argentina y Perú contribuyeron con un estudio respectivamente. El personal de
enfermería constituyó aproximadamente el 93 % de los participantes, aunque no se
registraron estudios procedentes de Ecuador dentro de la síntesis regional. La
percepción global positiva de la cultura de seguridad alcanzó una media estimada de
48,07 puntos sobre 100 (IC 95 %: 44,53–51,60), con una heterogeneidad cercana al 98
%. Entre los profesionales de enfermería se obtuvo la menor puntuación, con una media
de 45,60 (IC 95 %: 42,21–48,99), frente a 59,84 entre los médicos (IC 95 %: 56,02–
63,66). La diferencia estimada entre ambos grupos alcanzó aproximadamente 14,27
puntos porcentuales (Camacho-Rodríguez et al., 2022).
El análisis de las dimensiones específicas mostró una distribución desigual de las
percepciones positivas relacionadas con la seguridad. El aprendizaje organizacional y
la mejora continua registraron el valor más elevado, con 68,34 %, seguidos por el trabajo
en equipo dentro de las unidades, con 67,28 %. En contraste, la respuesta no punitiva
ante los errores presentó 34,8 % de respuestas favorables y la suficiencia de personal
alcanzó 39,5 %, por lo que ambas dimensiones concentraron las valoraciones más
bajas. Entre los profesionales de enfermería, el trabajo en equipo dentro de las unidades
obtuvo 68,6 %, mientras que la respuesta no punitiva ante el error y la dotación de
personal disminuyeron a 36,5 % y 37,1 %, respectivamente. Ninguna de las dimensiones
con mayor puntuación alcanzó el umbral de 75 % establecido por el instrumento para
identificar fortalezas consolidadas de la cultura de seguridad (Camacho-Rodríguez et
al., 2022).
Los resultados procedentes del contexto hospitalario chileno aportaron indicadores
sobre la relación entre la carga asistencial de enfermería y los resultados de seguridad.
El estudio incorporó 1.652 profesionales de enfermería pertenecientes a 40 hospitales
y analizó 761.948 egresos hospitalarios; la relación media fue de 14,1 pacientes por
enfermera (DE = 4,2), con valores institucionales entre 5,9 y 24,3 pacientes. Cada
paciente adicional asignado se relacionó con un incremento de 4 % en la probabilidad
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de mortalidad hospitalaria (OR = 1,04; IC 95 %: 1,01–1,07; p = 0,0054) y de 2 % en la
readmisión (OR = 1,02; IC 95 %: 1,01–1,03; p = 0,0003). La duración de la estancia
también aumentó conforme se incrementó la carga asistencial (IRR = 1,04; IC 95 %:
1,01–1,06; p = 0,012). Los hospitales con 18 pacientes por enfermera presentaron 41 %
más probabilidad de mortalidad, 20 % más readmisiones y estancias 41 % más
prolongadas que aquellos con ocho pacientes por profesional (Aiken et al., 2021).
La integración final de los hallazgos mostró que las limitaciones relacionadas con la
dotación de personal coexistieron con valoraciones desfavorables sobre la seguridad y
la calidad asistencial. En el estudio chileno, 48 % de los profesionales calificó la
seguridad institucional con categorías C, D o F, mientras que 26 % valoró la calidad del
cuidado como regular o deficiente. Bajo los supuestos económicos utilizados por el
modelo, reducir la carga promedio a 12 pacientes por enfermera habría requerido 665
profesionales adicionales y habría producido un ahorro neto aproximado de US$1,17
millones anuales; disminuirla a 10 pacientes habría requerido 1.118 profesionales y
generado un ahorro estimado de US$5,36 millones. La síntesis documental evidenció,
por tanto, un patrón caracterizado por percepciones regionales de seguridad inferiores
al 50 %, fortalezas relativas en el trabajo colaborativo y puntuaciones reducidas en
dotación de personal y respuesta institucional ante los errores (Aiken et al., 2021;
Camacho-Rodríguez et al., 2022).
Calidad del cuidado en el ejercicio profesional de enfermería
El análisis documental de la calidad del cuidado se orientó a identificar los indicadores
vinculados con la valoración asistencial, la satisfacción del paciente, la continuidad de
las intervenciones y las condiciones en las que se desarrolló la práctica de enfermería.
La evidencia seleccionada integró resultados procedentes de 40 hospitales chilenos,
1.652 profesionales de enfermería, 2.013 pacientes encuestados y 761.948 egresos
hospitalarios. Los establecimientos analizados correspondieron a 34 instituciones
públicas y seis privadas, lo que permitió observar diferencias relacionadas con la carga
asistencial y el entorno de práctica. La valoración de la calidad se examinó mediante la
percepción del personal de enfermería, la experiencia de los pacientes y diferentes
resultados clínicos registrados durante la hospitalización. Los datos mostraron que la
disponibilidad de personal y las características del ambiente laboral mantuvieron
asociaciones estadísticamente significativas con los indicadores evaluados. La calidad
del cuidado presentó, por tanto, variaciones relacionadas con las condiciones
organizacionales bajo las cuales se proporcionó la atención de enfermería (Aiken et al.,
2021).
La evaluación realizada por los profesionales mostró que el 26 % calificó la calidad del
cuidado de su unidad como regular o deficiente, proporción equivalente a 419 de las
1.620 respuestas válidas. Cada paciente adicional incorporado a la carga de trabajo
incrementó en 10 % la posibilidad de registrar una valoración desfavorable de la calidad
(OR = 1,10; IC 95 %: 1,04–1,16; p = 0,0004). En sentido inverso, los entornos laborales
favorables se asociaron con una reducción de 35 % en la posibilidad de que el cuidado
fuera calificado como regular o deficiente (OR = 0,65; IC 95 %: 0,54–0,79; p < 0,0001).
La asociación permaneció estadísticamente significativa después del ajuste simultáneo
por dotación de personal y ambiente organizacional. Estos resultados indicaron que la
valoración de la calidad no se distribuyó de manera uniforme entre los servicios, sino
que presentó cambios según la disponibilidad de recursos humanos y las condiciones
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de la práctica profesional. Los principales indicadores cuantitativos identificados se
organizaron como se observa en la Tabla 1 (Aiken et al., 2021).
Tabla 1
Indicadores relacionados con la calidad del cuidado en la práctica de enfermería
Indicador evaluado
Resultado
Medida estadística
Calidad del cuidado calificada como regular
o deficiente
26 % (419/1.620)
Frecuencia y porcentaje
Incremento de la carga en un paciente por
profesional
Mayor valoración
desfavorable de la calidad
OR = 1,10; IC 95 %: 1,04–1,16;
p = 0,0004
Ambiente favorable para la práctica de
enfermería
Menor valoración
desfavorable de la calidad
OR = 0,65; IC 95 %: 0,54–0,79;
p < 0,0001
Agotamiento profesional y calidad del
cuidado evaluada por enfermería
Menor calidad percibida
DME = −0,44; IC 95 %: −0,57 a
−0,30; I² = 97,2 %
Agotamiento profesional y satisfacción del
paciente
Menor satisfacción
DME = −0,51; IC 95 %: −0,86 a
−0,17; I² = 98,1 %
Agotamiento profesional y cuidado omitido
Mayor frecuencia de
cuidados no realizados
DME = −0,58; IC 95 %: −0,91 a
−0,26; I² = 92,2 %
Nota: razón de posibilidades; IC 95 % = intervalo de confianza del 95 %; DME = diferencia de
medias estandarizada; I² = porcentaje de heterogeneidad. Los resultados procedieron de Aiken
et al. (2021) y Li et al. (2024).
La revisión de los factores profesionales incorporó un metaanálisis compuesto por 85
estudios, de los cuales 81 presentaron diseños transversales y cuatro fueron
longitudinales, con una muestra acumulada de 288.581 profesionales de enfermería
pertenecientes a 32 países. La edad media de los participantes alcanzó 33,9 años (DE
= 2,1), el 82,7 % correspondió a mujeres y la prevalencia media del agotamiento
profesional fue de 30,7 % (DE = 9,7). El agotamiento se relacionó con una menor
valoración de la calidad del cuidado realizada por enfermería (DME = −0,44; IC 95 %:
−0,57 a −0,30; I² = 97,2 %). También se registró una reducción en las valoraciones de
satisfacción de los pacientes (DME = −0,51; IC 95 %: −0,86 a −0,17; I² = 98,1 %) y una
mayor presencia de actividades de cuidado omitidas o no completadas (DME = −0,58;
IC 95 %: −0,91 a −0,26; I² = 92,2 %). Las asociaciones se mantuvieron en los análisis
realizados según edad, sexo, experiencia laboral y ubicación geográfica de los
profesionales. La heterogeneidad superior al 90 % indicó una variabilidad elevada entre
los contextos, instrumentos y poblaciones incorporados en las estimaciones agrupadas
(Li et al., 2024).
La revisión específica de los servicios de emergencia incorporó 16 investigaciones, de
las cuales 10 correspondieron a estudios observacionales, equivalentes al 62,5 % del
conjunto analizado. La síntesis narrativa identificó que las menores disponibilidades de
personal de enfermería coincidieron con tiempos de espera más prolongados,
incremento de pacientes que abandonaron el servicio sin recibir atención y aumento de
la duración de la permanencia hospitalaria. También se registraron demoras en la
administración de medicamentos y en la ejecución de intervenciones terapéuticas, junto
con una mayor presencia de resultados clínicos adversos, incluido el paro cardíaco
ocurrido dentro de los servicios de emergencia. Debido a la heterogeneidad
metodológica, los resultados no se integraron mediante una medida estadística global y
fueron presentados como patrones recurrentes entre las investigaciones seleccionadas.
La síntesis conjunta mostró que la calidad del cuidado estuvo caracterizada por la
interacción entre carga asistencial, ambiente profesional, agotamiento, continuidad de
las intervenciones y oportunidad de la atención. El hallazgo central se concentró en la
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asociación consistente entre condiciones laborales desfavorables y menores
valoraciones de calidad, satisfacción y cumplimiento del cuidado de enfermería
(Drennan et al., 2024; Li et al., 2024).
Relación entre seguridad del paciente, calidad del cuidado y factores
organizacionales
El análisis se orientó a identificar los patrones que vincularon las condiciones
organizacionales de la práctica de enfermería con la seguridad del paciente y la calidad
del cuidado. La síntesis integró evidencia de 30 estudios latinoamericanos con 10.915
participantes, un estudio multicéntrico de 40 hospitales con 1.652 profesionales de
enfermería y 761.948 egresos hospitalarios, y un metaanálisis de 85 investigaciones
que reunió a 288.581 profesionales. Los factores examinados comprendieron dotación
de personal, carga asistencial, ambiente laboral, respuesta institucional ante los errores
y agotamiento profesional. En conjunto, estas condiciones presentaron asociaciones
cuantificables con la cultura de seguridad, la mortalidad, las readmisiones, la duración
de la estancia, la satisfacción del paciente y la valoración de la calidad asistencial. Los
hallazgos mostraron una relación concurrente entre las características del entorno
laboral y los resultados clínicos y organizacionales del cuidado (Aiken et al., 2021;
Camacho-Rodríguez et al., 2022; Li et al., 2024).
La evidencia regional mostró que la percepción global positiva de la cultura de seguridad
alcanzó una media de 48,07 puntos (IC 95 %: 44,53–51,60), con una heterogeneidad
cercana al 98 %. El personal de enfermería presentó la valoración más baja, con una
media de 45,60 puntos (IC 95 %: 42,21–48,99), mientras que los profesionales médicos
registraron 59,84 puntos (IC 95 %: 56,02–63,66), equivalente a una diferencia
aproximada de 14,27 puntos porcentuales. Las dimensiones organizacionales mejor
valoradas correspondieron al aprendizaje y mejora continua, con 68,34 %, y al trabajo
en equipo dentro de las unidades, con 67,28 %. En contraste, la respuesta no punitiva
ante los errores obtuvo 34,8 % y la dotación de personal alcanzó 39,5 %; entre los
profesionales de enfermería, esta última dimensión disminuyó a 37,1 %. El patrón
observado concentró las valoraciones desfavorables en los componentes relacionados
con disponibilidad de recursos humanos y gestión institucional del error (Camacho-
Rodríguez et al., 2022).
La relación entre dotación de enfermería y resultados asistenciales se examinó en
hospitales donde la carga osciló entre 6 y 24 pacientes por profesional. Cada paciente
adicional asignado incrementó en 4 % la posibilidad de mortalidad hospitalaria (OR =
1,04; IC 95 %: 1,01–1,07; p < 0,01), en 2 % la posibilidad de readmisión (OR = 1,02; IC
95 %: 1,01–1,03; p < 0,01) y en 4 % la duración esperada de la estancia (IRR = 1,04; IC
95 %: 1,01–1,06; p < 0,05). Los hospitales con 18 pacientes por enfermera registraron
41 % más posibilidades de mortalidad, 20 % más readmisiones y 41 % más
posibilidades de estancias prolongadas que aquellos con ocho pacientes por
profesional. En esos mismos establecimientos, la posibilidad de que los pacientes
otorgaran una valoración elevada al hospital fue 68 % menor. Las estimaciones
económicas mostraron ahorros netos de aproximadamente US$1,2 millones con una
carga promedio de 12 pacientes por enfermera y de US$5,4 millones al disminuirla a 10
pacientes (Aiken et al., 2021).
Figura 1
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Actores organizacionales de la práctica de enfermería
Nota: Autores (2024)
El análisis posterior de la evidencia mostró que el agotamiento profesional presentó una
prevalencia media de 30,7 % (DE = 9,7) y mantuvo asociaciones con diferentes
indicadores de seguridad y calidad. Se relacionó con una menor valoración del clima de
seguridad (DME = −0,68; IC 95 %: −0,83 a −0,54), una menor calificación general de
seguridad (DME = −0,53; IC 95 %: −0,72 a −0,34) y una mayor presencia de errores de
medicación (DME = −0,30; IC 95 %: −0,48 a −0,11). También se registraron
asociaciones con eventos adversos o incidentes de seguridad (DME = −0,42; IC 95 %:
−0,76 a −0,07) y cuidados omitidos (DME = −0,58; IC 95 %: −0,91 a −0,26). La calidad
evaluada por el personal de enfermería disminuyó en presencia de agotamiento (DME
= −0,44; IC 95 %: −0,57 a −0,30), al igual que la satisfacción del paciente (DME = −0,51;
IC 95 %: −0,86 a −0,17). La integración de los resultados evidenció que la menor
disponibilidad de personal, la elevada carga asistencial, la respuesta limitada ante los
errores y el agotamiento coexistieron con indicadores menos favorables de seguridad,
calidad y experiencia asistencial (Li et al., 2024).
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4. Discusión
El estudio analiza la relación entre la seguridad del paciente y la calidad del cuidado en
la práctica de enfermería, y los hallazgos sugieren que ambas dimensiones se
configuran de manera interdependiente dentro del entorno organizacional. La valoración
regional de la cultura de seguridad, situada en 48,07 puntos sobre 100 y reducida a
45,60 entre los profesionales de enfermería, parece indicar que persisten condiciones
institucionales insuficientes para consolidar prácticas seguras. Las puntuaciones
particularmente bajas en dotación de personal y respuesta no punitiva ante el error
refuerzan la interpretación de que los riesgos asistenciales no dependen exclusivamente
del desempeño individual. En contraste, el mayor reconocimiento del trabajo en equipo
y del aprendizaje organizacional muestra la existencia de capacidades colectivas que
podrían favorecer procesos de mejora. Esta lectura coincide con la perspectiva de que
la seguridad constituye un atributo sistémico de la calidad y requiere estructuras
capaces de prevenir, identificar y aprender de los incidentes (Camacho-Rodríguez et al.,
2022; OMS, 2021).
La relación observada entre carga asistencial, resultados clínicos y percepción de la
calidad converge con investigaciones que vinculan una menor disponibilidad de
personal de enfermería con desenlaces menos favorables. El incremento de 4 % en la
probabilidad de mortalidad y de 2 % en la readmisión por cada paciente adicional
asignado sugiere que la intensidad del trabajo podría comprometer la vigilancia clínica,
la oportunidad de las intervenciones y la continuidad del cuidado, aunque el diseño
observacional no permite atribuir causalidad directa (Aiken et al., 2021). Esta tendencia
resulta coherente con la revisión longitudinal de Dall’Ora et al. (2022) y con la evidencia
de los servicios de emergencia, donde las menores dotaciones coinciden con retrasos,
permanencias prolongadas y mayor frecuencia de resultados adversos (Drennan et al.,
2024). Del mismo modo, la asociación entre agotamiento profesional, menor calidad
percibida y menor satisfacción del paciente amplía la comprensión del problema al
incorporar el bienestar del personal como componente de la seguridad asistencial (Li et
al., 2024). No obstante, la heterogeneidad cercana al 98 % en la cultura de seguridad y
superior al 90 % en varios indicadores de agotamiento exige interpretar la magnitud de
estas asociaciones con cautela y considerar las diferencias institucionales y
metodológicas entre estudios.
La integración de los resultados aporta una comprensión teórica en la que la calidad del
cuidado deja de interpretarse únicamente como resultado de competencias técnicas
individuales y se reconoce como producto de la interacción entre dotación, ambiente
laboral, comunicación, liderazgo y gestión institucional del error. Desde la práctica, la
asociación entre un entorno laboral favorable y una reducción de 35 % en la posibilidad
de valorar negativamente la calidad sugiere que las intervenciones organizacionales
podrían ser tan relevantes como la capacitación clínica aislada (Aiken et al., 2021).
Asimismo, las estimaciones de ahorro neto de aproximadamente US$1,17 millones con
una carga promedio de 12 pacientes por enfermera y de US$5,36 millones al reducirla
a 10 evidencian un posible valor económico de las decisiones sobre dotación, aunque
estas proyecciones dependen de los supuestos del modelo y no deben generalizarse
automáticamente a Ecuador. En términos metodológicos, el análisis conjunto de
seguridad y calidad permite superar aproximaciones fragmentadas y reconocer patrones
comunes entre resultados clínicos, experiencia del paciente y condiciones laborales. Por
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ello, la evidencia parece respaldar estrategias institucionales orientadas a fortalecer la
notificación no punitiva, el trabajo colaborativo, la suficiencia de personal y el
aprendizaje continuo, en concordancia con las prioridades internacionales de reducción
del daño evitable (Camacho-Rodríguez et al., 2022; OMS, 2021).
Las interpretaciones deben considerarse dentro de las limitaciones derivadas del
carácter documental, exploratorio y no experimental del estudio, así como de la
heterogeneidad de diseños, instrumentos y contextos incluidos. La evidencia
latinoamericana disponible se concentra en cinco países, incorpora principalmente
estudios transversales y no incluye investigaciones ecuatorianas dentro de la síntesis
regional analizada, lo que restringe la transferencia directa de los hallazgos al sistema
nacional (Camacho-Rodríguez et al., 2022). Además, la integración de estudios
observacionales, revisiones y documentos institucionales permite reconocer tendencias,
pero no establecer relaciones causales ni estimar efectos propios del contexto
ecuatoriano. A partir de estas limitaciones, futuras investigaciones deberían desarrollar
estudios multicéntricos en hospitales públicos y privados del país, aplicar instrumentos
estandarizados y examinar longitudinalmente la relación entre dotación, agotamiento,
cultura de seguridad, calidad percibida y resultados clínicos. También resulta pertinente
incorporar evaluaciones económicas y enfoques mixtos que integren indicadores
institucionales con experiencias de profesionales y pacientes. La contribución central
del estudio radica en articular dimensiones que suelen analizarse por separado y en
establecer una base interpretativa para responder a la limitada evidencia
contextualizada sobre seguridad del paciente y calidad del cuidado de enfermería en
Ecuador (Aguirre, 2021; INEC, 2025).
5. Conclusiones
Los resultados permiten concluir que la seguridad del paciente y la calidad del cuidado
mantienen una relación estrecha con las condiciones en las que se desarrolla la práctica
de enfermería. La evidencia analizada muestra que los entornos con cargas
asistenciales elevadas, dotación insuficiente y limitada respuesta institucional ante los
errores presentan indicadores menos favorables de seguridad y valoración del cuidado.
Esta relación no implica causalidad directa, pero evidencia que los resultados
asistenciales no dependen únicamente de las competencias individuales del personal.
La percepción de seguridad inferior a la mitad de la escala disponible refleja la
persistencia de debilidades organizacionales que requieren atención sistemática. En
consecuencia, la calidad del cuidado se configura como un resultado vinculado tanto al
desempeño profesional como a la capacidad institucional para sostener prácticas
seguras.
En correspondencia con los objetivos específicos, los hallazgos evidencian que la
cultura de seguridad presenta mayores fortalezas en el trabajo en equipo y el
aprendizaje organizacional, mientras que la dotación de personal y la respuesta no
punitiva ante el error concentran las principales oportunidades de mejora. La calidad del
cuidado muestra variaciones relacionadas con la carga de trabajo, el ambiente
profesional y la continuidad de las intervenciones, observándose valoraciones menos
favorables cuando aumentan las exigencias asistenciales. Asimismo, el agotamiento
profesional aparece asociado con menor percepción de seguridad, mayor presencia de
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cuidados omitidos y reducción de la satisfacción del paciente. En conjunto, estos
resultados sugieren que los factores organizacionales actúan de manera concurrente
sobre la experiencia asistencial y los resultados del cuidado. Por ello, la integración de
ambas dimensiones permite comprender el problema desde una perspectiva más
amplia y coherente con la complejidad de los servicios de salud.
El principal aporte del estudio consiste en integrar la seguridad del paciente y la calidad
del cuidado dentro de un mismo marco interpretativo centrado en la práctica de
enfermería. Esta aproximación permite superar análisis fragmentados y reconocer que
la suficiencia de personal, el ambiente laboral, la comunicación clínica y la gestión del
error forman parte de una estructura común de calidad asistencial. Los resultados
también muestran que las decisiones relacionadas con la dotación podrían generar
beneficios clínicos, organizacionales y económicos, aunque las estimaciones
disponibles deben interpretarse dentro de sus contextos originales. Para el ámbito
profesional, la evidencia respalda la necesidad de fortalecer modelos de cuidado que
protejan simultáneamente al paciente y al personal de enfermería. En el plano
institucional, el estudio proporciona criterios útiles para orientar procesos de mejora
continua, vigilancia de riesgos y planificación de recursos humanos.
A partir de los hallazgos, resulta pertinente promover evaluaciones periódicas de la
cultura de seguridad, revisar las cargas asistenciales y fortalecer mecanismos de
notificación orientados al aprendizaje antes que a la sanción. Las futuras investigaciones
deberían incorporar estudios multicéntricos en establecimientos públicos y privados de
Ecuador, utilizando instrumentos estandarizados que permitan comparar seguridad,
calidad, agotamiento y resultados clínicos. También sería conveniente desarrollar
diseños longitudinales y enfoques mixtos que integren indicadores institucionales con
las experiencias del personal de enfermería y de los pacientes. Las evaluaciones
económicas podrían ampliar la comprensión sobre los costos asociados con la
insuficiencia de personal y los beneficios potenciales de mejorar los entornos laborales.
De este modo, la investigación contribuye a reducir la brecha de evidencia
contextualizada y ofrece una base para fortalecer la seguridad del paciente y la calidad
del cuidado en la práctica de enfermería ecuatoriana.
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