1. Introducción
La expansión de la inteligencia artificial generativa modifica las formas de buscar
información, producir textos, resolver tareas y construir conocimiento en la educación
secundaria, debido a que herramientas capaces de generar respuestas inmediatas se
incorporan progresivamente a las prácticas escolares. En Ecuador, esta transformación
ocurre en un entorno digital desigual: durante 2025, el 71,3 % de los hogares dispone
de acceso a internet, aunque la cobertura alcanza el 76,6 % en el área urbana y
desciende al 58,7 % en la rural, diferencia que condiciona las oportunidades de uso
educativo de estas tecnologías. A ello se añade que solo el 32,7 % de los hogares
cuenta con computadora de escritorio, portátil o tableta, por lo que el acceso mediante
teléfonos móviles puede limitar actividades de análisis, contrastación y producción
académica compleja. En este escenario, los estudiantes de educación secundaria
constituyen una población especialmente relevante, puesto que atraviesan una etapa
de consolidación del razonamiento, la autonomía intelectual y la capacidad para evaluar
evidencias. La integración de la inteligencia artificial generativa, por tanto, no depende
únicamente de su disponibilidad técnica, sino también de las condiciones sociales,
territoriales y pedagógicas que determinan la calidad de su aprovechamiento (Instituto
Nacional de Estadística y Censos [INEC], 2025; Miao & Holmes, 2023).
La incorporación de estas herramientas ofrece posibilidades de personalización,
retroalimentación inmediata y acceso ampliado a explicaciones, pero también introduce
riesgos vinculados con la dependencia tecnológica, la aceptación acrítica de respuestas
y la sustitución del esfuerzo cognitivo. Una revisión de 14 estudios identifica que la
sobredependencia de sistemas de diálogo basados en inteligencia artificial puede
afectar procesos asociados con la toma de decisiones, el pensamiento crítico y el
razonamiento analítico, especialmente cuando los estudiantes aceptan resultados sin
verificar su precisión o procedencia. Esta situación adquiere mayor relevancia en
contextos donde persisten brechas de alfabetización digital, porque el acceso
tecnológico no garantiza la capacidad para reconocer sesgos, errores, información
fabricada o ausencia de fuentes confiables. La falta de orientación pedagógica también
puede incrementar problemas de integridad académica, reducir la elaboración personal
de argumentos y debilitar la comprensión profunda de los contenidos. Si estas
condiciones no se atienden, la mejora aparente del desempeño escolar puede ocultar
aprendizajes superficiales y ampliar las diferencias entre estudiantes con distintos
niveles de conectividad, acompañamiento y competencia digital (Zhai et al., 2024;
OECD, 2026).
La evidencia reciente muestra, sin embargo, que la relación entre inteligencia artificial
generativa y aprendizaje crítico no es exclusivamente negativa, ya que sus efectos
dependen del propósito de uso, la mediación docente y el diseño de las actividades.
Una revisión sistemática publicada en 2025 señala que estas herramientas pueden
favorecer el acceso a perspectivas diversas, la organización de argumentos y el análisis
de información, aunque la dependencia excesiva reduce la autorreflexión y la evaluación
crítica de los contenidos producidos. De manera complementaria, el análisis de 51
estudios empíricos realizados entre 2023 y 2024 identifica cinco dimensiones de
alfabetización en inteligencia artificial generativa: comprensión conceptual, aplicación,
evaluación, ética y actitudes hacia la tecnología. Esta amplitud evidencia que el dominio